Crisis en el Sahel

Negociaciones en el Norte de Mali: ¿A qué juegan los « salafistas » de Ansar Dine ?

Miércoles 16 de enero de 2013

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Título: Negociaciones en el Norte de Mali: ¿A qué juegan los « salafistas » de Ansar Dine?

Fuente: Pambazuka news.

Autor: El Dr. Bakary Sambe es profesor-investigador del Centro de estudio de las religiones (CER) de la Universidad Gaston Berger de Saint-Louis.

Idiomas: Francés.

Tema: Crisis en el Sahel.

Palabras clave: Norte de Mali, salafistas, CDEAO, grupos terroristas, Al Qaïda en el Magreb Islámico (AQMI).

Siempre he defendido la tesis, hoy en día avalada por los hechos y según la cual, Ansar Dine, cuyos grupos salafistas han retomado la destrucción de los mausoleos y las exacciones, nunca ha tenido buenas intenciones sobre la paz. Sus declaraciones anteriores sólo buscaban ¨ adormecer ¨ a la comunidad internacional para ganar tiempo al sentir que se serraba el cerco alrededor de sus tropas después de la reunión de concertación de los Ministros de Relaciones Exteriores de la CEDAO.

Esta estrategia, ya conocida por todos los movimientos islamistas es llamada ¨ Hudna ¨, en árabe, consiste en marcar una tregua estratégica cuando la relación de fuerzas no permite imponerse. Lo que responde a una lógica de doble rasero en el discurso. ¿Después de todo, la guerra no es más que una cuestión de engaño? (Khid’a)

Además, las premisas sobre los preparativos de las fuerzas africanas, anunciados con bombos y platillos y con tantos detalles sobre la logística y la estrategia, no auguran nada bueno. No se anuncia una guerra de inseguros desenlaces con un calendario tan detallado, sobre todo frente a un enemigo difuso, ultra-móvil e irresponsable en términos de repercusiones eventuales sobre las poblaciones de la subregión.

El texto de la ¨ plataforma política ¨ de Ansar Dine, publicado el 2 de enero, ahora introduce una dimensión étnica peligrosa para los equilibrios sociopolíticos en todo el Sahel, por primera vez y oficialmente, de un ¨ proyecto diabólico con miras a la autodestrucción total de la sociedad Arabo-Tuareg de Mali ¨. Esta ¨ etnicización ¨ pronunciada, citada en los discursos fundacionales del MNLA que ha venido a sumarse a la ideología islamista radical, constituye un precedente peligroso para la integridad de Mali y de los países vecinos como Níger.

De hecho tenemos que reconocer que la mediación burkinabé que pretendía dar crédito a las ¨ garantes ¨ de Iyad Ag Ali no arrojó avances notorios. Y me dejan aún más perplejo las repercusiones de las negociaciones iniciadas el 4 de enero por Argelia con el Frente Árabe para la Liberación del Azawad (FNLA). Aunque se han planteado aislar a los islamistas de Al-Qaida en el Magreb islámico (AQMI) y de Ansar Dine, tememos que ciertos compromisos con este movimiento ¨ irredentista ¨ o su consolidación, afectaría el equilibrio y la integridad territorial tanto de Mali como de Níger, ambos implicados en el candente tema Tuareg.

¿Habrían fracasado las negociaciones antes de empezar? El comunicado de Ansar Dine, firmado por Iyad Ag Ali precisa que el movimiento djihadista decide retirar la oferta presenta a Argel para el cese de las hostilidades concomitantemente con las negociaciones llevadas a cabo en Uagadugú. Al mismo tiempo, Iyad Ag Ali sometía una ¨ plataforma ¨ como ¨ solución política ¨ al gobierno burkinabé, so pretexto esta vez de una supuesta mala voluntad de Mali, acusado de ¨ reclutar mercenarios ¨ -entiéndase la fuerza militar internacional- para la reconquista del Norte.

Hay que rendirse ante la evidencia: en la cabeza de los dirigentes de Ansar Dine, el Africanistán tan deseado es ya una realidad al Norte de Mali. Para ellos el verdadero combate es tratar de impedir a las ¨ fuerzas impías ¨ ¨ mancillar ¨ su suelo. Mientras tanto la comunidad internacional tergiversa en la dispersión de sus energías y los polos de negociaciones se multiplican. Hoy se pasean entre Argel y Uagadugú. Y muy pronto Marueco, en franca rivalidad con Argelia hará todo lo posible por sacar provecho de su ubicación continental en términos de influencia, de su Islam calificado de ¨ moderado ¨, pero sobre todo de su capacidad reivindicada a luchar eficazmente contra al terrorismo.

Nos podemos preguntar si todavía existe sobre este conflicto una posición internacional concertada. Los Estados Unidos, cada vez más preocupados por la situación del Pacífico, todavía dudan de la capacidad y de la voluntad real de los africanos para llevar una operación militar. Francia, quien excluye toda participación directa en una eventual operación militar, a pesar de sus enormes intereses estratégicos en la subregión, está a su vez preocupada por la suerte de sus rehenes en manos de AQMI (Ndlr: el ejército francés entró en una intervención el 11 de enero). Entretanto, a parte del Presidente Issoufou de Níger, punto de mira de los separatistas, los dirigentes africanos están al compás de la espera y se muestran sobre todo impotentes ante una plaga galopante, e incapaces esta vez de apostar en los socios estratégicos (UE, EE.UU.) que mantienen una prudencia extrema. Argelia, a quien nada apremia, está estancada en su indecisión. Quizás una participación marroquí de mayor peso, como deseaba Sheik Modibo Diarra antes de su evicción podría empujar a Argel a reaccionar, aunque fuese para mantener su cómoda posición diplomática.

Los gestos se multiplican pero los resultados probatorios son menos visibles. Una mini Cumbre de la CEDEAO para puntualizar los últimos acontecimientos acaecidos en la crisis en Mali en la perspectiva de la celebración de la próxima cumbre de la Unión Africana, se acaba de anunciar para los días 23 y 24 de enero en Bamako, después del último recorrido de Diango Cissoko, por algunos países del África Occidental. En el tema de la intervención militar, los malienses se muestran más abiertos ante la idea de una fuerza internacional, pero la situación política interna es como una espina clavada en el pie de todos los diplomáticos, a pesar de las recientes declaraciones de Moussa Sinko Coulibaly, Ministro de la Administración territorial, en la que invita a ¨ todos los socios¨ a implicarse.

Quizás el deterioro de la seguridad en la frontera sur de Argelia podría hacer que este país-clave se muestre más favorable a la intervención, en la que éste sería uno de los principales pilares. Hay que señalar que menos AQMI, que parece controlado por Argel, tenemos el Movimiento por la unicidad y el jihad en África Occidental (MUJAO por su sigla en francés), quien el 31 de diciembre pasado asumió el control de los alrededores de Al-Khalil, (una localidad situada a 3 Km. aproximadamente de la frontera sur de Argelia) al asociase con la Katibat al-Mulathimîn (falange de los ‘enturbanés’) un movimiento djihadista disidente de Al Qaïda en el Magreb Islámico (AQMI).

Esta fuerte señal en el plano se la seguridad debería convencer a Argelia de la necesidad de liberar el Norte de Mali del yugo de los grupos terroristas y de sus múltiples tráficos y de todo el interés que tiene para participar.

Al mismo tiempo, mientras que se celebraban las cumbres, el MUJAO estableció su puesto de mando en Gao y al hacer el reclutamiento por toda África Occidental, no excluye a ningún país de su tragedia djihadista. Una razón más para mostrar mayor solidaridad y sobre todo determinación en la solución de esta crisis, que implica ya África Occidental, incluso la región Sahelosahariana.

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