RED DEL COMERCIO DE ÁFRICA

Ya es hora de desmontar la injusticia de la Organización Mundial del Comercio

DECLARACIÓN SOBRE LOS PREPARATIVOS PARA LA VENIDERA REUNIÓN DE LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL COMERCIO A CELEBRARSE EN BALI

Martes 11 de junio de 2013

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Editorial y Canal: RED DEL COMERCIO DE ÁFRICA

Tipo de Documento: Declaración

Idioma: Inglés

Tema: Comercio

Palabras claves: Comercio, OMC, Ghana, Bali, Sociedad civil, reunión

Países y regiones: Ghana

Nosotros, representantes de los sindicatos obreros, organizaciones juveniles, grupos de mujeres, organizaciones basadas en la fe y organizaciones no-gubernamentales en favor de la justicia social de todo el continente africano, que sostuvieron una reunión en Accra, Ghana, entre los días 23 y 24 de mayo de 2013, a instancias de la organización aglutinante Red del Comercio en África, a fin de buscar una estrategia para la venidera Novena Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a celebrarse en Bali, Indonesia, reafirmamos nuestra condena a la globalización encabezada por las corporaciones y a los intentos por reforzar y expandir su injusticia inherente a todo lo largo y ancho del globo terráqueo.

La globalización que está liderada por las corporaciones ha perdido - de conjunto con su ideología del neoliberalismo- su legitimidad. Su promesa de alcanzar una prosperidad universal a partir de la liberalización global y la desregulación de la actividad económica no ha logrado materializarse. Por el contrario, las extremas desigualdades se han multiplicado, con altas concentraciones de inmensas riquezas y poder entre una pequeña y reducida élite, lo que a su vez y de forma simultánea ha incrementado y propagado la pobreza entre la mayoría de los pueblos del mundo.

En lugar de una estabilidad económica global y de la paz, la globalización neoliberal ha provocado la crisis económica y financiera global de más largo alcance en decenios. Y también ha subvertido la cooperación global y los esfuerzos colectivos de las naciones, hacienda más profunda la desigualdad de poder entre ellas, y las ha enrumbado a lo largo de un camino de competitividad para empobrecer al vecino. Las instituciones financieras y otros gigantes corporativos cuyas prácticas han sido la fuente de las crisis no han tenido que rendir cuentas ante nadie. Por el contrario, han obtenido ganancias alcanzando incluso mayores recursos financieros y concentración de poder. Todo esto se ha realizado a costa de la inmensa mayoría de los pueblos trabajadores de todos los rincones del mundo, quienes se han visto arrojados a niveles más profundos de pobreza y privaciones.

La Organización Mundial del Comercio en sus acuerdos, estructura y procesos ha sido parte integral de la creación de estas extremas desigualdades y desbalances respecto de la riqueza y el poder global; de los conflictos que emergen de ellos y de las crisis que de manera continuada se generan por todo esto. Esto forma el contexto de la continuada paralización en las negociaciones que se celebran en Doha.

Sin embargo, consecuente con su actitud general ante la crisis global, los países industriales del Norte y los intereses de las corporaciones transnacionales que las rigen continúan renuentes a reubicar su atención sobre los temas fundamentales que subyacen detrás del impás en Doha; es decir, los resultados no equitativos y los desbalances de poder dentro de los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio en sentido general y del programa de trabajo de Doha en particular.

En lugar de esto, se han vuelto incluso más agresivos en la búsqueda de su propia agenda de liberalización del comercio. Por intermedio del lanzamiento de “sub negociaciones” sobre temas escogidos – y en ocasiones con grupos de países auto seleccionados, completamente en contra de los reclamos por democracia y multilateralismo de la organización – estos países ricos están determinados a crear mecanismos nuevos para burlar la resistencia ofrecida por los países en vías de desarrollo, y restaurar la (suspendida) agenda de la desregulación de la inversión universal para llevarla al centro de los debates en la OMC.

Esto en resumen constituye la esencia de los intentos por alcanzar un acuerdo “plurilateral” respecto de los servicios; el intento por incrementar la membrecía en el actual acuerdo sobre contratación pública a fin de que incluya una masa crítica de países y por lo tanto generar presión sobre los demás; el clamor por un Acuerdo Internacional sobre Tecnología (AIT); y la presión para que se adopte un acuerdo sobre Facilitación del Comercio que fijaría un conjunto de regulaciones vinculantes sobre aduanas y procedimientos de embarque acorde con las prácticas e intereses de los países avanzados industriales.

En el ínterin, las preocupaciones de los países en vías de desarrollo para poder reparar tanto las implicaciones contra el desarrollo de las principales propuestas de Doha así como los déficits de desarrollo en los actuales acuerdos de la OMC siguen siendo puestas a un lado. Varios volúmenes de propuestas que han presentado estos países desde 1999 para poner en práctica este proceso de reparación siguen siendo coartados.

La venidera Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio que se celebrará en Bali constituye una coyuntura crítica en este agresivo movimiento llevado a cabo por la globalización impulsada por las corporaciones y de las luchas en su contra.

Dentro de este contexto, se deber rechazar la presión ejercida por los países ricos para lograr concluir un acuerdo sobre la facilitación del comercio en Bali. Tal como se ha concebido, y como se está negociando, esta “facilitación del comercio” va más allá de la necesidad declarada de simplificar y acelerar el procedimiento aduanero. Más bien esta necesidad se ve subordinada a un marco que permitiría a las corporaciones transnacionales intervenir en las facultades de los gobiernos nacionales para regular procedimientos aduaneros y lograr un viraje en la gestión general de los puertos y de los procedimientos relacionados con la importación hacia las manos de unas pocas corporaciones transnacionales extranjeras que han surgido en épocas recientes y que dominarían el movimiento de artículos a través de todas las fronteras internacionales.

Además, las propuestas socavarán las opciones de generación de ingresos que están disponibles para los gobiernos de los países en vías de desarrollo que se derivan del movimiento internacional de productos, a la vez que los obligan a incurrir en costos importantes en lo relative a la puesta en práctica, conceptos regulatorios, recursos humanos e infraestructura que afectarían aún más los presupuestos nacionales. También limitarían el espacio disponible general con que cuentan estos países para alinear el comercio internacional y las aduanas respecto de sus políticas nacionales de desarrollo.

Todo esto reforzará y fijará en su lugar los actuales procesos de liberalización que están provocando la erosión de los derechos al trabajo, el colapso de los empleos, el incremento del desempleo y de los niveles de pobreza.

Sobre todo, estas propuestas desviarán la atención de los verdaderos esfuerzos, e incluso los socavará, para hacer frente a las actuales limitaciones que encara África y otros países pobres en términos de movimientos de artículos y personas a través de las fronteras – incluido la infraestructura, el transporte y la movilización de las finanzas para hacer frente a estas necesidades.

Otro acontecimiento que tiene implicaciones negativas de largo alcance y consecuencias es la iniciativa que promueven los países de occidente para lograr un Acuerdo de Comercio sobre Servicios Internacionales (TISA, según sus siglas en inglés). Esta iniciativa presentada por un grupo auto seleccionado de países totalmente en contra de las normas colectivas de la OMC constituye un intento por impulsar mediante una meticulosa liberalización y comercialización de servicios más allá y en contra del marco inaceptable del Acuerdo General sobre el Acuerdo de Servicios (AGCS) de la OMC; contra los deseos de la mayoría de los miembros de la OMC; y fuera del conocimiento de ciudadanos y de sus parlamentos y otras instituciones representativas.

Los así llamados “Verdaderos Buenos Amigos”, este grupo auto seleccionado de países que están detrás de esta iniciativa, tratan, no solo de finalizar entre ellos este acuerdo comercial que liberaliza radicalmente y desregula los servicios, y que también ejerce presión sobre los demás para que se sumen a este esquema. Finalmente ellos intentan debilitar la posición de los países en vías de desarrollo respecto de las negociaciones generales de la OMC y en particular en las negociaciones de servicios.

A la luz de todo lo expresado anteriormente, rechazamos la agenda emergente que promueve la Organización Mundial del Comercio, formada por el llamado Paquete de Bali y pos la Agenda post-Bali.

Véase el documento en formato PDF

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