Bachelet asumirá su nuevo periodo con un cuarto de apoyo del electorado

Viernes 20 de diciembre de 2013

Autor: César Baeza Hidalgo

Editorial y canal: Otramerica

Tipo de documento: Noticias

Idioma: Español

Tema: Política

Palabras clave: Democracia, derechos humanos, desigualdades, dictadura, igualdad de género, ilegitimidad y plurinacionalidad.

País o región: Chile

Con dos ganadoras terminó la cita electoral en Chile: Michelle Bachelet Jeria es la nueva Presidenta con el 62,16 % de los votos válidamente emitidos, y la Abstención, que bordeó el 59% del universo electoral. En ese escenario, Bachelet alcanza sólo la cuarta parte de las preferencias posibles.

La jornada de conteo de los votos fue de las más cortas del periodo post dictadura. Nadie rebosaba de alegría, y la palabra ilegitimidad fue una de las más repetidas -fuera para rechazarla o insinuarla- una vez conocidos los resultados, que cerca de las 19 horas ya daba como segura ganadora a la nueva-ex mandataria, quien asumirá el 11 de marzo próximo su segundo mandato (2014-2018).

De un total de 5.579.695 votos válidamente emitidos, Bachelet obtuvo 3.468.389 votos válidamente emitidos (62,16 %), y su opositora, la derechista Evelyn Matthei 2.111.306 (37,83%), la votación nula alcanzó 83.231 (1,46%) y los blancos 32.838 (0,57%). Las cifras son contundentes entre quienes se inclinaban por una de las dos opciones para la conducción del país.

Pero la Abstención se impuso, y se insinuó mayoritaria desde la primera vuelta cuando bordeó el 52%. Esta vez llegó casi al 59%, con 7.878.023 de no votantes, y si se resta a los casi 500 mil fallecidos que reconoce el Servicio Electoral (Servel) que aún mantiene en sus registros, baja a poco más 7 millones 370 mil. El universo total electoral supera los 13 millones y medio de personas y hay cerca de un millón que aún no puede ejercer el voto desde el extranjero.

Sea cual sea el caso, o se hagan las sumas y restas que mejor acomoden, el caso es que cada día la abstención, con casi el 60%, empañó la celebración. Si se suman nulos y blancos, se supera ese porcentaje entre quienes no se inclinaban por ninguna de las dos opciones en carrera por la Presidencia. Bachelet ante esas cifras alcanza el 25,5% de las preferencias del universo electoral, y Evelyn Matthei logró un 15,54% de adhesión.

Las declaraciones tanto del pacto Nueva Mayoría de la mandataria electa, como dentro de la derrotada Alianza por Chile, convergieron en que hay una tarea por hacer para re encantar a la ciudadanía con el ejercicio del sufragio, y restablecer la confianza en la llamada clase política. Aunque insistieron en que no es motivo para cuestionar la legitimidad de la mandataria electa.

La iniciativa Marca Tu Voto, que promueve una Asamblea Constituyente y que llamó a quienes asistían a las urnas a marcar su papeleta con las siglas AC, en la primera vuelta superó a la mayoría de los candidatos/as, alcanzando un 8%, y en esta segunda vuelta superó el 10,3%, según un conteo inicial, pero aún espera un consolidado, luego de los reportes de los observadores ciudadanos que asistieron voluntariamente a registrar esta preferencia.

Desafíos y compromisos del nuevo Gobierno

La ex-nueva Presidenta enfrenta un escenario de cambios y demandas que ha posicionado el descontento y lo relaciona con el sistema político que impera en el país desde la dictadura. Las exigencias desde diversos sectores -medioambiente, educación, salud, trabajo, derechos humanos-, se han articulado y se han ido reencontrando en busca de cambios estructurales, y la campaña de Michelle Bachelet acusó recibo y prometió tomar cartas en el asunto.

Uno de los principales escollos que debe enfrentar es la creciente demanda por cambiar la Constitución. En la campaña la candidata aseguró que una de sus preocupaciones será darle a Chile una Carta Magna aunque no especificó mediante qué mecanismo. La iniciativa por una Asamblea Constituyente volvió a poner el tema sobre la mesa y la ciudanía ha manifestado mayoritariamente que no da más mantenerse con un marco jurídico impuesto en dictadura.

La legitimidad de la Constitución de 1980 ha sido permanentemente cuestionada, dado que se votó mediante un plebiscito sin registros electorales, en circunstancias por decir lo menos irregulares, y en plena dictadura.

Posteriormente se han realizado cambios paulatinos, pero mantiene su esencia antidemocrática y sostiene mecanismos estructurales que inhiben el pleno desarrollo de la democracia.

Ahí está el origen del sistema binominal de elecciones, que mantiene el equilibrio entre las dos principales élites políticas del país hasta ahora -entiéndase la derechista Alianza por Chile, y la Concertación, ahora pacto Nueva Mayoría-, y ha dejado poco espacio para manifestaciones distintas y diversas por fuera de esas dos fuerzas.

También el desconocimiento de la plurinacionalidad de los pueblos originarios, la dificultad para modificar la Constitución y el excesivo presidencialismo en el origen de las leyes.

Por otro lado se busca el reconocimiento constitucional de la igualdad política de género, mecanismos reales de participación ciudadana, y ubicar la noción de pobreza como contraria a los derechos humanos. Es decir, una concepción más actualizada sobre los derechos fundamentales, donde se fortalezca el concepto de la igualdad en contraste con la concepción neoliberal de los derechos que está resguardada en la actual Constitución.

Por otro lado está el compromiso de Bachelet de lograr el fin del lucro en la Educación, y que esta sea de calidad y gratuita en Chile. Ha dicho que quiere un país donde los derechos dejen de ser una mercancía, concepto que también se aplica a la salud, que en el sistema privado, resguarda la calidad a quienes pueden pagar por ella, pero en el público, aún estamos a años luz de garantizar que nadie se muera por falta de recursos.

Y el principal desafío, es que la ciudadanía vuelva a participar en las elecciones, para lo cual requerirá de demostrar que sus declaraciones se vuelvan carne y acción. El desencanto con el sistema político es que la ciudadanía no ve que en los sucesivos gobiernos sus condiciones de vida cambien sustancialmente en su calidad de vida, y se mantiene la brecha entre ricos y pobres, que en el país es de las más marcadas de Latinoamérica y el mundo.

Acabar con las desigualdades en la accesibilidad de derechos, es un terreno en el que el próximo Gobierno deberá actuar e implementar acciones y políticas efectivas, si desea que la empatía que la ex-futura Presidenta despierta en la masa votante, no se quede en eso, dado que los movimientos sociales están activos para exigir que los compromisos se concreten.

La ’Nueva Mayoría’, asumirá en minoría frente a la abstención

La abstención, hoy es una manifestación política más que un indicador de indiferencia. Hay una evidente contradicción entre la decisión de legislar para optar por implementar el voto voluntario, y la permanente referencia al ’deber’ de asistir a las urnas. En ese aspecto, la minoría votante ha pretendido instalar la idea de que quien no ejerce su derecho al sufragio, no tendría derecho a opinar o criticar.

La abstención en el Chile de hoy, si bien es cierto que en un porcentaje indeterminado tiene que ver con la indiferencia, también lo es que en un porcentaje cada día más creciente tiene que ver con el descontento, el desencanto, y la falta de credibilidad que tienen los/as políticos/as que se han privilegiado de un sistema discriminatorio, que hasta ahora han estado cómodos con la estabilidad que les ha dado la Constitución que impuso Pinochet en 1980. El voto voluntario debutó en 2012, con las elecciones municipales, y la Abstención apareció con fuerza, un 67% de la población optó por no participar en las elecciones de alcaldes/as y concejales/as. La señal fue contundente y apareció el fantasma de cara a las elecciones parlamentarias y la presidencial de este año.

En las elecciones parlamentarias y primera vuelta presidencial del 17 de noviembre pasado, en las cuales históricamente la participación es más alta que en las locales, el 52% de la ciudadanía con derecho a voto, prefirió no ejercerlo, eso era un anuncio de lo que vendría en la segunda vuelta presidencial, con 7 candidatos menos que en esa ocasión.

En 2005, con un padrón electoral mucho más bajo, Bachelet obtuvo 120.679 votos menos que en la primera vuelta del 17 de noviembre pasado (3.190.691 preferencias), y con más del doble de posibles votantes, ahora obtuvo 3.468.389 votos. La cifra habla por sí sola.

Si bien es cierto que ese ausentismo a las urnas tiene un porcentaje en la indiferencia, también lo es que hoy en día son muchas las voces que se levantan para incentivar la abstención electoral activa.

Hoy en día la abstención crece como un signo político que exige visibilidad, otras formas de participación y diálogo, y una democracia que respete e incluya esas visiones que han optado por mantenerse al margen de un sistema político que las ha excluido históricamente.

La llamada clase política repite permanentemente que el voto es lo que otorga el derecho de opinar o criticar, como si los derechos se ejercieran con requisitos. La ex-próxima Presidenta de la República en Chile, Michelle Bachelet, asumirá representando al pacto que suma al Partido Comunista a la ex Concertación, que ha tomado el nombre de ’Nueva Mayoría’, con un 25% de los votos posibles, lo que refleja que es una minoría que vuelve a conducir los destinos políticos del país, pero que enfrenta a una ciudadanía con una creciente demanda de participación efectiva en la toma de decisiones, y que elude las urnas.

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