Carta elaborada durante la 27ª Asamblea Regional del MMTR-NE

Martes 18 de diciembre de 2012

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Firmantes: Movimento da Mulher Trabalhadora Rural do Nordeste (MMTR-NE).

Mensaje: MMTR-NE.

Canal: Red de Educación Popular entre Mujeres de América Latina y el Caribe (REPEM).

Tipo de Documento: Prensa y declaraciones.

Idioma: portugués.

Tópico: Biodiversidad y Mujer Rural.

Palabras-claves: Agroecológica, Biodiversidad, Desarrollo sostenible, Desigualdades sociales, Mujer Rural, Seguridad alimentaria.

Países y Regiones: Brasil.

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Nosotras, las mujeres que formamos parte del Movimiento de la Mujer Trabajadora Rural del Nordeste – MMTR-NE, reunidas en Asamblea de 05 a 07 de Diciembre de 2012, nos hemos posicionado con relación a la realidad de las trabajadoras y de los trabajadores del semiárido y, principalmente de las mujeres, en el contexto de esta sequía que se extiende por toda la región hace más de dos años y es considerada la más grande de los últimos 30 años.

La sequía es un fenómeno natural y previsible, por lo tanto, no se trata de una fatalidad. En función del desarrollo tecnológico se puede preverla perfectamente con mayor precisión. Históricamente, el fenómeno de la sequía ha sido utilizado para alimentar y consolidar prácticas clientelistas, electoreras y de sumisión en la lógica del capitalismo representado por la llamada “Industria de la Sequía” con fuerte impacto en la vida de las familias agricultoras, principalmente de las mujeres, de los jóvenes, de los niños, y de los ancianos y ancianas.

En este contexto, nosotras las mujeres somos, sin lugar a dudas, las más afectadas por la sequía, las que más esfuerzos desplegamos para garantizar la convivencia con el semiárido, al permanecer, por ejemplo, en lugares de escasa agua para personas, animales y plantas.

La lucha de la sociedad civil organizada y de los movimientos sociales viene construyendo en las últimas décadas una nueva concepción de desarrollo que se traduce en la convivencia con el semiárido, regulada en políticas de estructuración y fortalecimiento de la agricultura familiar y campesina de base agroecológica fundada en el respeto a la diversidad cultural, las relaciones solidarias, y la valorización de la biodiversidad local.

La participación social asociada a Gobiernos de representación popular se traduce en significativos avances, pero aún lejos de consolidar una Política Permanente de Convivencia con el Semiárido.

Reconocemos la importancia de nuestras conquistas en políticas y programas gubernamentales tales como: seguridad social rural, bolsa familia, PAA y PNAE y los programas de emergencia dirigidos a atenuar los impactos de la sequía. Sin embargo, estas medidas son insuficientes si no vienen acompañadas de medidas de estructuración que garanticen el cumplimiento de la función social de la tierra y el acceso universal al agua como un bien público.

Vivimos en un contexto de pérdida de los derechos territoriales, de abandono de la agenda de la reforma agraria, de acciones de regulación de los bienes raíces que no ayudan a superar la pobreza y la miseria, por el contrario, contribuyen para la concentración de la tierra, del agua y de los ingresos. La propuesta del Gobierno de ampliar las áreas de irrigación por constituir –según sus argumentos – la gran alternativa para la producción de alimentos y de enfrentamiento a la sequía en la región, reitera la lógica concentradora de agua y riqueza y contraria los avances que ya se han conquistado en la convivencia con el semiárido. Seguir por este camino significa profundizar las desigualdades sociales e reeditar los viejos paradigmas de la industria de la sequía que también se materializan en la implantación de las cisternas de plástico.

En la búsqueda de enfrentar a la pobreza y la miseria, que siguen predominando en el Nordeste, los programas adoptados por el Gobierno implementan acciones como la distribución masiva de una única variedad de semillas, que comprometen mucho el patrimonio genético conservado históricamente por las comunidades locales.

Esta situación se agrava en el contexto de la sequía, cuando las reservas familiares de semillas criollas (locales) escasean y el rebaño, especialmente de los pequeños animales disminuye mucho, debilitando las estrategias de seguridad alimentaria y económica de las mujeres. El programa de emergencia al permitir la adquisición de maíz a bajo costo para la alimentación del rebaño, crea una fuerte tendencia a la introducción de los transgénicos en la región.

Ante ese contexto y escenarios tan adversos, especialmente para nosotras, las mujeres del semiárido nordestino, reafirmamos la defensa de un proyecto de desarrollo sostenible y solidario en contraposición al proyecto hegemónico del capitalismo que genera miseria y pobreza. Los grandes proyectos de infraestructura en curso en el país sirven a la lógica capitalista, generan profundos impactos sociales y ambientales e ciertamente dejarán un lastre de pobreza, violencia y prostitución en nuestra sociedad.

Para nosotras, el desarrollo sostenible consiste en la consolidación de políticas de convivencia con el semiárido, lo que implica el respeto y el reconocimiento a la diversidad de identidad y cultura y al protagonismo de las mujeres trabajadoras, que debe traducirse principalmente en:

1- Invertir en acciones de seguridad y soberanía alimentar y nutricional, invirtiendo en seguridad hídrica y en la diversificación de la producción, en las diversas formas de almacenamiento de alimentos humanos e animales, en la valorización de la cultura alimentaria local, en los patios productivos, en la crianza de animales, en el manejo de la caatinga (vegetación característica del nordeste brasileño) en beneficiar productos, facilitando el acceso al crédito y a la comercialización de alimentos por intermedio de PAA, PNAE y otros.

2- Implementar políticas dirigidas a la promoción del fortalecimiento de la auto-organización de las mujeres, inclusión productiva y autonomía económica con alternativas para el enfrentamiento a la violencia y a la división sexual del trabajo.

3- Reconocer el protagonismo de las mujeres en la preservación de la biodiversidad y del patrimonio genético con programas de apoyo al rescate, conservación y multiplicación de las semillas locales, y a las prácticas agroecológicas.

4- Implementar políticas de estructuración y de convivencia con el semiárido valorizando las experiencias y fortaleciendo la actuación de las mujeres.

5- Garantizar la integración de las políticas y de los programas, así como la participación de las mujeres en la concepción, implementación, gestión y control social.

De esa forma, afirmamos nuestra postura y nuestros valores. Saludos feministas rurales.

Tejiendo Redes.
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