Colombia cuenta con una Comisión de Verdad y Memoria inédita en el mundo: desde las voces de las mujeres

Martes 7 de enero de 2014

Autoras: Ruta Pacífica de las Mujeres

Editorial y canal: Ruta Pacífica de las Mujeres

Tipo de documento: Publicación

Idioma: Español

Tema: Derechos de las mujeres

Palabras clave: Conflicto armado, derecho a la vida, desplazamiento forzado, guerra, mujeres víctimas de las violencias, paz, represión, tortura, violaciones de derechos humanos y violencia sexual.

Países y regiones: Colombia

La voz de las mujeres víctimas de las violencias de la guerra debe ser escuchada en el país, debe ser tenida en cuenta por la sociedad, una buena parte de la cual ha vivido al margen de esta problemática y ha estado condicionada por el miedo o la representación de una realidad que no ha permitido dar sentido a esta experiencia. Y para ello, la Ruta Pacífica de las Mujeres presenta el Informe de Comisión Verdad y Memoria “La Verdad de las Mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia”.

La experiencia de las víctimas y sobrevivientes se cuenta a partir de las voces de más de mil mujeres mestizas, afrodescendientes e indígenas que han sufrido los horrores de la guerra y guardado esas memorias rotas durante años o décadas en su cuerpo y su corazón. Los testimonios se recogieron en 22 departamentos y más de 80 municipios donde hay organizaciones de la Ruta Pacífica de las Mujeres.

Este Informe, que inició su trabajo investigativo en el 2010 y que hoy presenta su resultado final, da cuenta de las violaciones de derechos humanos contra las mujeres cometidas por los diversos actores armados en el marco del conflicto y busca, como uno de sus principales objetivos, el reconocimiento por parte del Estado y la sociedad colombiana de la DIGNIDAD y la VERDAD de las mujeres, y el aporte que ellas ofrecen para la construcción de la paz. Esta memoria supone una sanción moral a los perpetradores que han causado tanto dolor y destrucción y una exigencia de compromiso en la prevención.

El valor de esta memoria no es la constatación del horror, sino que la palabra que lo cobija encuentre un sentido y sea compartida con la sociedad a la que se dirige.

En contexto

Una comisión de la verdad es una gestión con la que algunos países recopilan información respecto de situaciones de quiebre institucional y social que permitan sacar a la luz la verdad de los hechos ocurridos, con el fin que permanezcan en la memoria colectiva para la no repetición y aporte a la reconciliación de la nación. Estas comisiones se han realizado en diversos países, especialmente tras golpes de estado, guerras civiles o revoluciones. En América Latina se han desarrollado comisiones en Chile, Perú, Argentina, Brasil, Guatemala, Paraguay y El Salvador.

En el marco de este contexto, la Ruta Pacífica de las Mujeres realizó el proyecto de Comisión de Verdad y Memoria de Mujeres Colombianas, que busca ser una herramienta política y metodológica que sirva de insumo para una eventual Comisión de la Verdad oficial en el país.

La Ruta Pacífica de las Mujeres ha promovido un proyecto de investigación realizado con los estándares de otras comisiones de memoria y verdad, poniendo en marcha no obstante mecanismos propios de acceso a las protagonistas del estudio y una metodología de recogida de información que difieren de las comisiones institucionales. La Comisión de Verdad y Memoria de Mujeres Colombianas es en este sentido un proyecto singular que aúna la producción de conocimiento y la significación política.

La Verdad de las Mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia llegó para quedarse y empujar la agenda del cambio en Colombia, donde el enorme sufrimiento y la gran capacidad de las mujeres debe ser tomadas en cuenta para la transformación social que el país necesita.

La verdad en cifras

* Entre las violaciones que las mujeres refirieron haber vivido en primera persona predomina el desplazamiento, que se dio en tres de cada cuatro casos (76.2%).

* Ocho de cada diez mujeres entrevistadas (82.6%) reporta haber sido víctima de alguna forma de tortura, tratos cueles, inhumanos o degradantes.

* Más de la mitad de las mujeres sufrieron diferentes formas de tortura y maltrato psicológico (54.4%), tales como amenazas de muerte, seguimientos o ser obligadas a presenciar torturas de otras personas. La mitad de las mujeres entrevistadas sufrieron amenazas (49.46%), una de cada tres, hostigamientos como seguimientos y vigilancia (32.33%).

* El 13.2% (n=123) de las mujeres entrevistadas reportó haber sufrido violencia y tortura sexual.

* Los reportes de tortura física se asociaron a la región y a la edad, siendo más frecuentes en los testimonios de mujeres de entre 30-49 años, y sobre todo en las regiones de Antioquía, Bolívar, Chocó y Santander.

* Los atentados contra el derecho a la vida, incluyendo heridos (29.9%), ejecuciones extrajudiciales (54.1%) y desapariciones forzadas (18.7%) corresponden a tres de cada cuatro testimonios.

* El reporte de personas ejecutadas se asocia con la etnia, la región y la edad de las mujeres, afectando especialmente a mujeres indígenas y afrodescendientes, en regiones de Antioquía, Chocó y Putumayo, y de los grupos de edad correspondientes a 50-59 y mayores de 60 años.

* Una de cada ocho víctimas refirió violaciones a la libertad personal (12.74%), tales como haber sido detenidas de forma arbitraria (5.46%), confinamiento (3.64%), haber sido tomadas como rehenes (1.93%) o víctimas de reclutamiento forzado (1.61%). Estas formas de violación de la libertad personas se asociaron con la región dado que se da más fuertemente en territorios de Chocó y Santander; y la etnia, asociándose a mujeres identificadas como afrodescendientes y mestizas.

* Las diferentes violaciones afectaron de forma mayor a las mujeres identificadas como indígenas, mestizas o afrodescendientes, respecto a otras identidades. Pero el desplazamiento en mujeres mestizas es más familiar mientras que en afrodescendientes e indígenas tuvo un carácter más colectivo.

* En cuanto a la edad de las mujeres más afectadas, el desplazamiento perjudicó más a los grupos de mujeres adultas más jóvenes (30-49 años), mientras los hostigamientos y torturas afectaron a mujeres de edad media (30-59 años), y los atentados al derecho a la vida a mujeres más mayores (49-59 y 60 años en adelante).

* Tomando el sumatorio de todas las posibles violaciones, cada mujer sufrió una media de 4.13 violaciones, de forma significativa aquellas que tuvieron además familiares desaparecidos, asesinados o sufrieron desplazamiento, padecieron más violaciones de derechos humanos.

Este Informe destaca cómo el continuum de las violencias también recorre las instituciones del Estado cuando se banalizan las reivindicaciones históricas de las mujeres, al no considerarlas como actoras políticas en la construcción de la paz, cuando no se las protege y repara de las agresiones sufridas, dejando en la impunidad los crímenes que los actores armados legales o ilegales han cometido contra ellas.

Impactos y Afrontamientos

Las consecuencias en la salud y el impacto psicosocial son secuelas profundamente marcadas en los relatos de las mujeres. En el cuerpo se hacen visibles las huellas de sus experiencias que muchas veces no se han podido poner en palabras. Las mutilaciones, la violencia sexual, los embarazos forzados, las consecuencias en la maternidad y los impactos en las relaciones entre hombres y mujeres por la violencia sufrida y cometida por hombres.

Todos esos impactos son frecuentemente invisibilizados o quedan en la trastienda del dolor de cada una, y sin embargo ponen en cuestión un sistema, una ideología y una cultura dominante que considera a las mujeres objeto de control, de violencia o de desprecio.

Las mujeres no sólo han sufrido las violaciones de derechos humanos o sus consecuencias. También han resistido. Y esa resistencia se basa en reconocerse con las otras como iguales, en la solidaridad, el apoyo mutuo y la organización; en el silencio y la autoprotección; en la búsqueda de apoyo para sus familias y, especialmente, sus hijos e hijas, que son su máxima preocupación y también una fuente de sentido para seguir con sus vidas.

Las formas de afrontamiento suponen también maneras de poner en cuestión sus roles establecidos socialmente. Tomar protagonismo público y organizarse como mujeres, reivindicar su papel en la defensa de la vida y los cambios en las relaciones de subordinación que la cultura patriarcal ha mantenido. La denuncia y la reivindicación de sus derechos deducen no sólo el aprendizaje de las leyes y sus derechos, sino sobre todo el ejercicio de la persistencia y una reconceptualización de sí mismas como sujetas de derechos y no como objeto de ayuda o de consuelo.

Agenda de Reparaciones

Son diversas las aspiraciones de las mujeres en materia de reparación. El primer derecho que reivindican las mujeres es el derecho a vivir sin miedo. Reclaman al Estado su papel en la prevención de la violencia, señalando sus responsabilidades por acción y por omisión en la violencia política en Colombia. La reparación asociada a la prevención, el desarme y la superación del conflicto armado hacia un proceso de paz y una solución política que ponga las condiciones de vida de la gente frente a un nuevo ciclo. Este sí, un ciclo de la vida.

Las mujeres tienen una concepción estructural de la reparación como un conjunto de medidas que cambien sus condiciones y ofrezcan oportunidades para retejer sus vidas. Es vista como parte de un cambio de la relación del Estado con las víctimas, dejando de verlas bajo la óptica del estigma para pasar al reconocimiento, dejando de ver sus necesidades como de ayuda sino como un ejercicio de sus derechos. Las disposiciones educativas, de salud y de atención psicosocial consideran un acumulado de compensaciones orientadas a retomar sus vidas con nuevos instrumentos de promoción humana y recuperación de los impactos sufridos.

Las mujeres víctimas señalan la responsabilidad de todos los actores armados en la guerra y reclaman la terminación del conflicto armado, porque las dinámicas del mismo son las responsables de los impactos sobre sus vidas, las de sus familias y sus comunidades, de la ruptura del tejido social y del cierre de las posibilidades de una vida más justa y en paz. Además, establecieron la conciencia de la irreparabilidad del impacto de la violencia en sus vidas como el primer paso para acercarse a las víctimas cuando se habla de reparación. Así lo consideran cuando afirman que no hay nada que les devuelva la dignidad pisoteada y conciben la reparación como un ejercicio de reconocimiento y de condiciones sociales para “empezar de nuevo” en muchos casos.

La Comisión de la Verdad busca incidir en el actual proceso de paz rescatando la presencia de las mujeres como sujetas políticas para contar la verdad desde su propia vivencia. El empoderamiento de las mujeres, con la visibilización de los hechos ocurridos, contribuye a la transformación social desde el reconocimiento de sus derechos, a partir de la elaboración de los impactos sufridos y las formas de afrontamiento desarrolladas.

Este Informe desde las mujeres aporta a la construcción de la paz en cuanto es una iniciativa que abre nuevos canales de diálogo, puesto que permite romper el silencio de las mujeres que han sido quienes más han sufrido las consecuencias del conflicto armado colombiano, junto a las niñas y los niños. Entre los desafíos se encuentra la posibilidad de que las voces de las mujeres sean escuchadas en el país, uniendo el apoyo a las víctimas con la investigación de los hechos y la búsqueda de salidas políticas al conflicto.

Esta verdad desde las mujeres confirma las capacidades y condiciones de las mujeres colombianas para la construcción de la paz.

Ver informe:

La Verdad sobre las Mujeres Víctimas del Conflicto Armado en Colombia. Tomo I

PDF - 4.2 MB

La Verdad sobre las Mujeres Víctimas del Conflicto Armado en Colombia. Tomo II

PDF - 5.7 MB

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