Con el TLC, crece la dependencia de Guatemala con los EE.UU

Miércoles 24 de julio de 2013

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Autoría: Leonardo Wexell Severo, ComunicaSul

Editorial y Canal: Confederación Sindical de Trabajadores/as de las Américas (CSA)

Tipo de documento: Artículo

Idioma: Español

Tema: Economía

Palabras clave: Criminalización de la protesta, desnutrición crónica, empleo precario, maquilas, militarización, multinacionales y tratado de libre comercio.

Países y Regiones: Guatemala

El Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado entre los EE.UU. y Guatemala completó siete años de vigencia el día 1° de julio, estampando las llagas de la desnutrición, la miseria y la dependencia de la nación maya. Estimulado para exportar productos primarios con bajo o ningún valor agregado – como el azúcar, indumentaria, café, piedras y metales, bananas y bebidas –, el país también acumula sucesivos y crecientes déficit en su balanza comercial con el imperio.

El nivel de las exportaciones ha sido camuflado por las remesas que rondan los 4,5 billones de dólares – casi un 10 por ciento del PIB – enviadas por los más de 1,6 millones de guatemaltecos que sobreviven con empleos precarios en las plantaciones de California, en los suburbios de Nueva york y otras grandes ciudades estadounidenses.

Con la economía en crisis, el gobierno de Barack Obama ha apretado el torniquete migratorio ocasionando que los guatemaltecos deportados en los primeros seis meses del año ronden los 25 mil, superando en un 23% la cifra del mismo período en 2012. La Dirección General de Migración de Guatemala (DGMG) reconoce que con el debate de la “reforma migratoria” llevado adelante por el Congreso de los EE.UU. estos números crecerán durante los próximos meses superando los 40 mil deportados del año pasado. Las personas deportadas particularmente pertenecen a los sectores más vulnerables, mujeres y niños. La hostilidad yanqui es retribuida por el gobierno guatemalteco del presidente Otto Pérez Molina con una benevolencia extrema, todo en nombre de los intereses imperialistas y de la oligarquía vende patria. Así lo pudimos comprobar durante los siete días durante los cuales recorrimos más de dos mil quilómetros para encontrarnos con los trabajadores de las “maquiladoras”, de las plantaciones de banana y café de las multinacionales norteamericanas – caracterizados por el desprecio a los derechos más elementales y la arrogancia de sus guardias armados.

El último año la sumatoria de todos los productos exportados hacia los EE.UU. ascendió de 2,781 billones a 4,977 billones de dólares. Solamente en el primer cuatrimestre de 2013 las exportaciones hacia el norte alcanzaron los 1,327 billones de dólares, lo que representa un 41,7 por ciento del total comercializado por el país.

Pero todos los festejos del gobierno servil, que reverencia a los EE.UU., y sus trasnacionales y medios de comunicación, no consiguen ocultar la realidad: esa que indica que la balanza comercial con el país del norte sigue siendo altamente deficitaria. Prueba de esto es que las importaciones del “socio privilegiado” tuvieron un crecimiento aún mayor en términos absolutos, subiendo de 4,114 billones de dólares a 6,458 billones de dólares. El incremento del 57 por ciento grafica el aumento de la dependencia, lo que genera que cualquier mínima sacudida en los EE.UU. provoque graves crisis en esta economía satélite.

Karin de León, coordinadora de Negociaciones Comerciales y Acceso a Mercados de la Comisión de Vestuario y Textiles (Vestex) de Guatemala, aseguró que el mercado estadounidense representa el 80 por ciento de todas las exportaciones del sector, manteniéndose en el orden de los 1,1 billones de dólares en el último período. Esto es posible porque en el país abundan las “maquiladoras”, empresas que concentran una gran cantidad de mano de obra en galpones donde los operarios ni siquiera pueden conversar – no digamos sindicalizarse –, quienes reciben los peores salarios del país a cambio de su trabajo que se lleva adelante a un ritmo frenético que multiplica lesiones y mutilaciones.

A pesar de estos números tan devastadores y esclarecedores, el ministro de Economía guatemalteco Sergio de la Torre no escatima en loas al TLC asegurando “seguridad empresarial de largo plazo” al capital estadounidense. A esta aberración se suma el Ministerio de Defensa, que determina la compra de armas para combatir al enemigo interno.

Desnutrición crónica y aguda Guatemala, gran productora de alimentos, es actualmente el sexto país en el mundo con más desnutrición crónica y aguda – el único representante de Nuestra América dentro del grupo liderado por cinco países africanos. Se trata de una enfermedad que alcanza a más del 60 por ciento de la población, de la cual las comunidades originarias son las principales afectadas.

La anemia durante los embarazos hace que el país registre graves enfermedades congénitas, como hidrocefalia y anencefalia, llegando a niveles alarmantes que superan el doble de la media mundial.

Contribuyendo con este calvario, el aumento del precio de los alimentos y de la energía durante los últimos años ha deteriorado el mercado de trabajo guatemalteco, tal como alerta la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Con el costo de vida en las alturas, 7,5 millones de personas viven en la pobreza, de las cuales 2,2 millones se encuentran en la pobreza extrema. Se trata de una catástrofe que afecta a todas las zonas rurales.

Datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) indican que existe una alarmante desnutrición que afecta a los niños y niñas guatemaltecos y genera un enorme impacto – actual y futuro – en el progreso del país. UNICEF destaca que se trata de una forma cruel de condenar una nación al subdesarrollo permanente, puesto que sus hijos padecerán “condiciones de salud frágiles y delicadas” a lo largo de su vida, ocasionando un nivel intelectual limitado o atrofiado por la ingesta deficiente de nutrientes durante los primeros tres años de vida.

Fascismo armado por los EE.UU. e Israel Según datos del propio Banco de Guatemala (Banguat), el sector que más “avances económicos” obtuvo fue el sector agrícola, que se caracteriza por los sangrientos enfrentamientos, desocupaciones y desalojos forzados que ocurren para favorecer el latifundio de las trasnacionales.

Las exportaciones dirigidas hacia la tierra del Tío Sam “fueron duplicadas” en base a la represión y a la militarización, una vez que las relaciones bilaterales se hicieron más carnales desde la vigencia del TLC.

El líder indígena Kim Sanik, secretario del Consejo de los Pueblos de Occidente (organismo que congrega al pueblo maya), denuncia que “en el sur guatemalteco, las grandes extensiones de tierras necesarias para la producción de azúcar de exportación requieren agua en abundancia, la que está siendo garantizada mediante el desvío de ríos y una contaminación creciente, comprometiendo la supervivencia de muchas comunidades.”

Según informa la Coordinación Nacional para la Reducción de los Desastres (CONRED), la tala indiscriminada de los bosques – 90 por ciento de los cortes son realizados sin ningún tipo de control por parte de las autoridades – también ha afectado gravemente al ecosistema. Se comprometió la estabilidad del suelo y la absorción del agua, lo que repercutió en un aumento de la frecuencia de los desastres naturales ocurridos en el interior del país.

Kim también alerta sobre la “devastación criminal” avalada por la ley de minería, “que permite que las trasnacionales exploten minas de oro y plata, además de los yacimientos petrolíferos”. El activista denuncia que para favorecer las industrias mineras y extractivas extranjeras, miles de indígenas van a ser obligados a dejar las tierras más fértiles, “abandonados entre la pobreza y la extrema pobreza”, mientras el país pierde por completo cualquier perspectiva posible de soberanía alimentaria.

Según recuerda Otto Rottmann, director de la televisión comunitaria Vea Canal – uno de los principales medios de comunicación de los sectores de oposición –, frente a las crecientes movilizaciones producidas por la denuncia de que las mineras extranjeras estaban pagando solamente un 1 por ciento de impuestos, “el actual presidente Pérez Molina tuvo que prometer durante su campaña electoral que elevaría el cobro hasta un 40 por ciento. Pero fue un compromiso que no cumplió.”

Rottmann expresó que “Hubo una transacción completamente oscura en la transición de la presidencia durante la cual las empresas mineras de oro y plata anunciaron que aumentarían unilateralmente el pago de impuestos en un 4 por ciento, pero de manera voluntaria, siempre y cuando el precio de estos metales preciosos no sufriese oscilaciones. Y así es como quedó establecido”.

El presidente Pérez Molina abunda en demagogia mientras impide cualquier resquicio de democracia. Su prontuario incluye haber sido Comandante militar durante la dictadura del general Rios Montt, el ex-presidente condenado por genocidio por la Corte Suprema de Guatemala y sentenciado a más de 60 años de prisión por la desaparición, tortura y asesinato de miles de personas. También conocido como “Mano Dura,” Pérez Molina ha criminalizado la protesta, calificando a las manifestaciones populares que resisten a sus políticas como “actos delictivos y terroristas.”

De este modo, según Rottmann, “lo que está en proceso es una política de enfrentamiento social abierto y armado contra la población, con el decreto de estado de sitio y de excepción impuestos para garantizar los intereses de las empresas extranjeras en nuestro país.”

Persecución, tortura y asesinatos En esta oportunidad el gobierno pro-Washington celebra que en 2012 ingresaron 1,552 billones de dólares mediante las exportaciones de la industria agropecuaria, cifra que supera el doble de los 658,1 billones registrados en el primer año del TLC. En este período, las ganancias de los trabajadores fueron todavía más ajustadas, con el irrisorio salario mínimo fijado en dos mil quetzales (cerca de 300 dólares) que sirve apenas como referencia, puesto que las empresas no pagan ni siquiera un tercio de ese valor.

El método para garantizar el ajuste fue multiplicar la violencia y el asesinato de sindicalistas, transformando a Guatemala en el país “más peligroso del mundo” para los que defienden los salarios y los derechos, tal como señala Carlos Mancilla, secretario general de la Confederación de la Unidad Sindical de Guatemala (CUSG).

Presente en la 102° Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Mancilla recordó que 57 líderes sindicales fueron asesinados desde la entrada en vigencia del TLC con los EE.UU., y que “se están multiplicando las persecuciones, secuestros, amenazas de muerte, los despidos masivos y el cierre de sindicatos para inviabilizar cualquier tipo de negociación colectiva.” Sólo en 2013 ya fueron asesinados los dirigentes Joel González Pérez, Juan Martínez Matute, Carlos Antonio Hernández, Santa Alvarado, Mayro Rodolfo Juárez Galdámez e Kira Zulueta Enríquez. A su vez, la Secretaria General del sindicato de Servidores Municipales de Nueva Concepción fue baleada en la cabeza dentro de la biblioteca donde trabajaba.

“A medida que los movimientos se fortalecen, también aumenta la violencia contra los que luchan por la justicia”, expresó Mancilla, destacando el papel de la solidaridad internacional para “pasar esta página de impunidad y terror”.

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