El trabajo de ser mujer

Lunes 4 de noviembre de 2013

Autor: José Alva

Editorial y canal: Manuela Ramos, una apuesta por la igualdad

Tipo de documento: Noticia

Idioma: Español

Tema: Derechos de las mujeres

Palabras clave: Políticas públicas, seguro social y trabajo doméstico.

Países y Regiones: Perú

Estela Canchanya conoce de memoria donde están las tazas para el desayuno de sus hijos. Las retira con cuidado de una batea, donde se hallan los demás utensilios, pues aún no quiere despertar a los pequeños Diana y José. El sueño es dulce y el frío todavía arrecia fuera su casa de esteras, en el asentamiento humano Mariano Ignacio Prado de Ventanilla.

Ella está levantada desde hace dos horas, sobre el piso de arena y tierra, preparando el desayuno y friendo las tortillas que irán en los panes que venderá en la puerta del mercado. Después vendrá la tarea de despertarlos, ayudarlos a vestirse, darles el desayuno, decirles que se apuren y despedirlos al cruzar la puerta. Luego, Estela se dirigirá al centro de abastos con su cargamento de panes con tortilla, cuya venta le permitirá comprar más artículos para mañana. Ese es el trabajo diario de Estela, que no tiene sueldo, CTS, pensión ni seguro social. Es un trabajo invisible para el Estado y la sociedad, un trabajo doméstico que aún no tiene unidad de medida ni compensación alguna, salvo el amor de sus hijos.

Situación compleja

“El trabajo doméstico no remunerado no es reconocido como trabajo”, explica María Elena Reyes, directora de la ONG Manuela Ramos, entidad que enfoca parte de su labor en el reconocimiento del aporte del género femenino a la sociedad y en la búsqueda de un mundo inclusivo para mujeres y hombres.

Esta labor –la de Estela, la de millones de peruanas– aún tiene la condición de invisible para los actores políticos y sociales. Peor todavía, es una carga innata de la mujer, casi una responsabilidad que llega adjunta al género femenino.

Al tener característica de ‘doméstica’, esta labor no recibe remuneración alguna, advierte Reyes. “Además es limitante, pues restringe el tiempo que la mujer podría emplear en una vía formal del mundo laboral y remunerado, con beneficios de sueldo, asistencia médica y pensión”.

Por ello, desde hace varios años se plantea que la tarea doméstica de la mujer sea reconocida mediante políticas públicas que desarrollen medidas de compensación que les permitirían liberarse paulatinamente de la carga doméstica. De ese modo, ellas podrían incorporarse en mejores condiciones a la vida social, económica y política del país.

Tiempo de mujer

Para muestra, un botón. La Encuesta Nacional del Uso del Tiempo que realizó en 2010 el INEI arroja datos más que evidentes. Por ejemplo, se evidenció que en las áreas rurales las mujeres trabajan 47 horas a la semana en el hogar, a diferencia de los hombres, que solo le dedican 20 horas. Y en las áreas urbanas, las mujeres le dedican 37 horas de trabajo y los hombres apenas 14.

En otra área de la encuesta se señala que en las tareas de cuidado de bebés, niñas, niños y adolescentes la participación de los hombres alcanza el 44.4%, y la de las mujeres, el 56.4%. El tiempo que las mujeres destinan a esta actividad es de 12 horas con 14 minutos semanales; mientras que los hombres, apenas 5 horas con 49 minutos. Las distancias son más que evidentes.

La encuesta puso en blanco y negro una realidad que demuestra la eterna actividad de la mujer peruana en la esfera hogareña.

Por todas estas razones, se gestionó un proyecto legislativo que en junio de 2011 fue aprobado como ley por el Congreso. La norma dispone incluir una ‘cuenta satélite’ del trabajo no remunerado, con especial énfasis en el trabajo doméstico, en las Cuentas Nacionales. Ello permitirá determinar el verdadero valor de la labor doméstica de las mujeres en la esfera económica nacional. El INEI y el Ministerio de Economía y Finanzas son los organismos designados para la reglamentación de esta ley, un proceso que está en marcha.

En cualquier caso, lo evidente es que el trabajo doméstico es una actividad aún no considerada como aporte a la boyante economía nacional actual, de variables en azul y saldos positivos; una labor que, por ahora, todavía no encuentra una retribución justa y necesaria.

Proceso de valorización

La sociedad debe reconocer que los períodos de crisis económica que vivió el país, décadas atrás, fueron sobre- llevados, en gran medida, con el trabajo desarrollado por las mujeres en sus casas y en organizaciones que formaban para salir adelante, como los comedores autogestionarios. No obstante las brechas en el uso del tiempo, en la actualidad existe un mayor compromiso de los varones para con las tareas del hogar, afirma la directora de Manuela Ramos. “Por ello es importante contar con esta valoración, pues permitirá que se puedan formular políticas públicas y legislación aparente para proteger a las mujeres, con atenciones de salud, pensiones, y accesos a otros servicios públicos de calidad”. Reyes sostiene que en la actualidad el Estado ha aprobado la propuesta de investigar la valorización del trabajo doméstico de las mujeres, “pues en el caso del INEI y el Ministerio de Economía existe el interés de ir mejorando sus sistemas estadísticos y demostrar que hay un trabajo real que hay que valorizar en la esfera política”.

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