En el Ecuador patriarcal, la impunidad es social y la justicia, machista

Miércoles 6 de noviembre de 2013

Autora: Nelly Valbuena Bedoya

Editorial y canal: Mujeres contando en voz alta

Tipo de documento: Artículo

Idioma: Español

Tema: Derechos de las mujeres

Palabras clave: Asesinato machista, feminicidio/femicidio, impunidad, justicia y violencia hacia las mujeres.

Países y Regiones: Ecuador

Según Elizabeth Arauz Ortega, especialista en violencia e interculturalidad, de ONU Mujeres - Región Andina, “en términos generales no logramos avanzar mucho en el tema de violencia; sin entrar específicamente en el de la violencia sexual, diría que en el tema de violencia hacia las mujeres no logramos superar el tema de impunidad y no logramos superarlo porque justamente, los funcionarios que te dan servicio en los espacios donde se brinda justicia, tampoco han sido necesariamente sensibilizados, ni consideran que muchos de los delitos por los que llega una mujer o las contravenciones que denuncia, son temas de violencia que ameritan realmente un juzgamiento”.

La violencia contra las mujeres y las niñas es una problemática considerada como una pandemia por las Naciones Unidas. Las cifras indican que el 70% de las mujeres en el mundo, sufren en el lapso de sus vidas, violencia física o sexual en manos de los hombres cercanos a su entorno: esposos, compañeros íntimos, ex parejas o personas conocidas. En Ecuador las cifras indican que cuatro de cada diez mujeres han sido víctimas de violencia sexual. Es decir algo más de dos millones de mujeres.

Entre estas cifras están los casos de las jóvenes Karina del Pozo y Angélica Balladares. Dos víctimas con rostros y familias que decidieron sobreponerse al miedo, a los prejuicios de la sociedad, a las miradas señaladoras y superar las barreras de acceso a la justicia, para hacer valer su derecho a verdad, justicia y reparación. La primera fue víctima de tres “amigos” con los que salió de fiesta y la segunda de su ex novio.

El asesinato de Karina del Pozo, quien fue encontrada el pasado 27 de febrero en las afueras de Quito, tras haber sido abusada sexualmente, maltratada físicamente y asesinada, marcó un hito en la historia de la violencia sexual contra las mujeres en Ecuador. Su familia se movilizó a través de las redes sociales, haciendo que la justicia cumpliera con su labor de investigar rápidamente su inicial desaparición y luego que se juzgara a los tres implicados.

Los medios de comunicación ante la presión de las redes sociales, tuvieron que incluir el tema en sus agendas. ¿Cómo lo hicieron? Ese es otro tema, que seguramente abordaré próximamente, en otro artículo. Pero lo que hay que resaltar es que por esta vez, los medios no publicaron un dato frío sobre la muerte de una mujer más, sino que tuvieron un nombre, un rostro y una historia familiar detrás.

Este caso además es emblemático porque gracias a su impacto social se logró que en el Código Penal, se considerara al femicidio como un tipo específico de delito, que da cuenta y visibiliza el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres. En otras palabras se reconoció el asesinato machista, producto de una sociedad patriarcal y se estableció la diferencia con un asesinato que se comete en la calle, donde una mujer resulta agredida. El femicidio o feminicidio es un asesinato por razones exclusivamente de género.

Muchos de los asesinatos no salen a la luz, no son públicos. En este caso lo sacó la familia de la víctima implicada que buscaba la verdad por encima del costo social. Pero detrás de esta historia hay muchas mujeres que fueron violadas y asesinadas pero son mujeres sin rostro, de familias pobres o simplemente temerosas que no tuvieron la capacidad para generar una movilización social fuerte.

Esta sociedad debe reconocer y entender que la familia no puede ser la interesada en tapar el hecho, porque tiene temor de que al destapar el caso se utilicen argumentos para descalificar a la víctima y no para defender su honra y su reputación.

El pánico de la familia es por un lado a superar la muerte y por otra a superar la presión social. En el caso de Karina del Pozo se dijo, entre muchas cosas, “que consintió” o “que ella se lo buscó”. Todo esto lleva a justificar el crimen y a convertir a la víctima en culpable “porque se expuso” o “porque no se cuidó”, “porque no fue una señorita decente que no estuvo en el lugar adecuado y con la gente adecuada”. Aún más, se regó el rumor del “se dice que era una chica pre-pago”, matándola doblemente: mataron su vida y luego quisieron matar su integridad personal, su derecho a la honra y su buen nombre.

Esas situaciones hacen que muchas familias se inhiban y eviten que se investiguen los casos de violencia sexual contra sus víctimas, pues prima el propósito de evitar que el nombre de la víctima entre en “el chismorreo social de desacreditación, por decirlo, de la forma más burda”, sostiene Sonia García del Observatorio de Derechos de las Mujeres de Ceplaes.

Entonces el femicidio por razones sexuales, es decir el acceso carnal obligado a mujeres que termina en asesinato, justamente para eliminar la posibilidad de que las familias puedan iniciar cualquier proceso judicial, es una realidad en Ecuador y, como afirma Sonia García, es “una realidad dolorosa y generalmente los casos son cometidos por personas conocidas. Esto desestima el criterio de que las mujeres se exponen o autoexponen, pues los delitos sexuales son cometidos en ámbitos de amistad, en los ámbitos familiares y esto no es una novedad, pero el feminicidio o femicidio, no es solamente cometido como resultado de un abuso sexual, también existe el que se comete por exceso de violencia en el ámbito familiar. Entonces el femicidio íntimo por el conyugue, ex conyugue o parejas es otra de sus formas más frecuentes”.

En cuanto a Angélica Balladares, su caso no ha tenido tanto despliegue en los medios y se debe, como muchos otros casos, a que su familia, en lugar de las redes sociales, decidió salir a la calle y gritar que “contra la violencia nadie se cansa" y a decirle a las autoridades y a la sociedad que exigen justicia. Por lo tanto, los medios no pasaron de registrar el hecho con titulares como el del diario Extra, en su edición de Guayaquil, del 23 de septiembre: “Hallaron fría a una universitaria”.

Esta joven, oriunda de Santo Domingo de los Tsáchilas, fue víctima de feminicidio el pasado 22 de septiembre, a las tres de la madrugada, en Riobamba, ciudad en la que estudiaba diseño gráfico. El implicado es su ex pareja quien, violando la restricción que tenía para acercársele -pues ella le había puesto una boleta de auxilio-, entró por la ventana de su casa, la agredió físicamente e intentó violarla. “Ella se defendió”, le contó María Luisa Balladares López, tía de Angélica, a Mujeres contando en voz alta el pasado 4 de octubre durante el plantón que hicieron en la Plaza Grande. "El sospechoso le puso la sábana en la boca, para que no grite, posteriormente le ahorcó con el cable de la secadora y ella, de la desesperación, se tragó la lengua”.

Mientras escribo estas líneas pienso en que los plazos de este proceso, que está en etapa de instrucción fiscal a cargo de la agente fiscal María Ester Caguana, ya están por vencerse y se conocerá si se sanciona al agresor o si el caso pasa al archivo de los cientos o miles de casos que terminan consumidos en la impunidad, pues tan sólo el 2% de los casos que se denuncian por este tipo de violencia contra la mujer, terminan en una sentencia, sancionatoria o absolutoria.

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