Enigma de los prisioneros

Viernes 31 de mayo de 2013

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Autoría: Héctor Béjar

Editorial y Canal: Red del Tercer Mundo

Tipo de documento: Noticia

Idioma: Español

Tema: Política

Palabras clave: Acciones políticas, Comercio exterior, Política, Política económica

Países y Regiones: Perú

¿Es tan importante el gobernante de un pequeño país como el Perú para que el presidente de la nación más poderosa de la tierra gaste dos días de su tiempo con él?

Es la tercera vez que se reúnen. Además hubo otros contactos. Vino Hillary Clinton e hizo muy buenas migas con Nadine Heredia. Arribó Bill Clinton, súbitamente interesado por el Cusco. John Kelly, jefe del USSouthcom o Comando Sur, uno de los diez comandos combatientes con que Estados Unidos tiene ocupado el mundo, estuvo en Palacio en enero y dijo que las relaciones entre Irán y Venezuela es uno de los peligros de hoy. Soldados norteamericanos han hecho operaciones “humanitarias” en Talara. Se planea un aeropuerto militar norteamericano en el VRAEM. Enrique Peña Nieto, el flamante presidente de México, ha asomado para propiciar la “Alianza del Pacífico”.

¿Cómo es que el Perú siendo el primer productor mundial de cocaína no es condenado ni señalado por Estados Unidos como un peligro mundial y, por el contrario, es visto como el “país estrella” o el “milagro peruano”? ¿Qué dirían y harían ellos si la Bolivia de Evo Morales o la Venezuela de Nicolás Maduro enviaran todos los años tres mil kilos de cocaína al mundo como hace nuestra nación? La agenda oficial de junio es candorosa: inclusión social, desarrollo de la ciencia y tecnología, educación y becas, protección del medio ambiente, situación de los migrantes.

La joven potencia del norte ya quiso en el siglo XIX apoderarse de las islas guaneras sosteniendo que estaban en aguas internacionales. Manuel Prado fue el primero en declarar la guerra a Alemania y el Japón (qué susto debe haberse llevado Hitler) en 1941. Se ordenó el saqueo de las propiedades de los alemanes y se envió a los japoneses a campos de concentración en Estados Unidos. La marina norteamericana formó al servicio de inteligencia de la marina peruana abriendo relaciones que después servirían a la CIA. Haya de la Torre fue precursor del macartismo, macartista antes de Mac Carthy. El segundo gobierno de Prado, aliado con los apristas, dio la iniciativa para la expulsión de Cuba de la OEA. Estados Unidos financió a Alberto Fujimori con no menos de 7,000 millones de dólares puestos por el BID y el Banco Mundial.

Excepto con Velasco, Palacio nunca dejó de ser virreinal. Washington nunca dejó la doctrina Monroe.

Y ahora, en un tablero que se le complica, Washington precisa dividir a la Unasur y la Celac. Con Juan Manuel Santos haciendo su propio libreto y un Sebastián Piñera que se va, lo único más o menos seguro está en Lima y México DF. Aunque sabe que en el PRI tampoco se puede confiar del todo. Es decir, el eje Washington-México-Lima quiere ser la Santa Alianza de estos tiempos.

Pero los interlocutores son dos prisioneros. El de la Casa Blanca está preso del complejo militar petrolero. Es un cautivo de los bancos que hicieron la estafa inmobiliaria del 2008 sin ser sancionados y de las compañías que han transformado la reforma de la salud en el fabuloso negocio de los seguros privados. Tiene que tolerar la muerte de cientos de civiles inocentes, muchos de ellos niños, por vehículos aéreos no tripulados. No puede ni siquiera cerrar la prisión de Guantánamo. El otro, el de la Casa de Pizarro, sigue amenazado todos los días por el coro de los medios. Ni siquiera va a la toma de mando de Rafael Correa. Ambos han firmado su hoja de ruta después de prometer la Gran Transformación.

Agenda probable: no más Celac ni Unasur, no a los tanques rusos, carta libre para operaciones norteamericanas encubiertas; y punto de apoyo contra Maduro, Correa y Kitchner. “Primavera árabe” organizada por la CIA en Venezuela. Es lo que podrían plantear los de Washington.

¿Y qué dirá el de Lima? No deja de ser divertido el enredo. Porque no es fácil desanudar para el prisionero de la Casa Blanca la telaraña de relaciones con una Europa que tambalea, una economía que no arranca, una China que sigue su avance silencioso y muchos conflictos alrededor del mundo en que el Pentágono encuentra sus límites. Y tampoco será cosa sencilla uncir al Perú totalmente a una carreta a la que le suenan los ejes.

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