Intereses en las megainfraestructuras sudamericanas

Jueves 26 de septiembre de 2013

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Autoría: Mónica Vargas

Editorial y Canal: Observatorio de la Deuda en la Globalización y Transnational Institute

Tipo de documento: Artículo

Idioma: Español

Tema: Desarrollo

Palabras clave: Biodiversidad, capital, desarrollo, deuda pública, IIRSA, megaproyectos, recursos estratégicos y recursos no renovables.

Países y Regiones: América Latina y el Caribe

IIRSA surge de una propuesta del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Corporación Andina de Fomento (CAF), que fue asumida por los gobiernos sudamericanos en el año 2000, durante la Reunión de Presidentes de América del Sur, en Brasilia. La coordinación técnica fue delegada a los dos bancos promotores de la propuesta, así como al Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA). Las tres entidades elaboraron un “Plan de Acción de IIRSA” que fue aprobado por los Ministros de Transportes, Telecomunicaciones y Energía de los países sudamericanos en diciembre de 2000. El Plan se basó desde el inicio en el enfoque de “Ejes de Integración y Desarrollo” (EIDs), que constituyen una nueva planificación geo-económica del territorio sudamericano. Los Ejes se complementan con “Procesos Sectoriales de Integración” (PSIs), que se refieren a “espacios para la identificación y resolución de obstáculos de tipo normativo e institucional a fin de mejorar la competitividad y promover el crecimiento sustentable en la región” .

Tal como lo han venido señalando diversas organizaciones sudamericanas desde los inicios de IIRSA, los Ejes de la Iniciativa deben ser entendidos desde su coincidencia con las áreas más importantes en términos de recursos no renovables (minerales, gas, petróleo), agua y de biodiversidad (plantas, animales, microorganismos y los conocimientos tradicionales asociados). Por ello, IIRSA opera una reestructuración espacial de América del Sur a partir del interés que tienen para el capital, las reservas de recursos estratégicos, y los espacios más “idóneos” para el tránsito de las mercancías. Es importante resaltar aquí, que los proyectos referidos en lo que atañe a la Iniciativa no abarcan la totalidad de las megainfraestructuras sudamericanas, puesto que cada gobierno (particularmente el de Brasil), dispone además de un plan propio.

Entre 2003 y 2004 se constituyó la primera Cartera de Proyectos, la cual fue evolucionando hasta 2010. Si en 2004 se preveían 335 proyectos con una inversión estimada de 28’959 millones de euros, en 2010 el número de proyectos era de 524, con un coste total previsto de 74’751.90 millones de euros. Los Ejes MERCOSUR-Chile y Perú-Brasil-Bolivia son aquellos que implican los proyectos más costosos. De hecho, si casi 30% del total de la cartera de proyectos de IIRSA se refiere a la generación de energía, esta inversión se concentra en ambos Ejes (BID/INTAL 2011, 97).

A partir de la base de datos de los proyectos de IIRSA, se deduce que el 100% del financiamiento de la energía del Eje Perú-Brasil-Bolivia y el 75% en el caso del MERCOSUR-Chile, se destinan a la construcción de represas. En 2004 se definió la Agenda de Implementación Consensuada 2005-2010 (AIC) integrada por 31 proyectos de IIRSA considerados como prioritarios, representando un coste de 10’906 millones de euros y situados en 7 de los Ejes de IIRSA. En julio de 2010, sólo 2 de estos proyectos habían sido concluidos, 19 se encontraban en etapa de ejecución, 8 en pre-ejecución y 2 en etapa de perfil (BID/INTAL 2011, 109).

En lo que refiere al origen de las inversiones, llama la atención que la mayoría es público. En efecto, el 46% del total de los costos son cubiertos enteramente por los Tesoros Públicos de los países sudamericanos, 37% son cubiertos por alianzas público privadas y 17% son financiados por el sector privado. De acuerdo con BID/INTAL (2011, 101), las principales inversiones públicas de los proyectos de IIRSA provienen de Brasil (entre 27’000 y 35’000 millones de euros) y Argentina (entre 21’000 y 25’000 millones de euros), seguidos por Paraguay (entre 5’000 y 9’000 millones) y Bolivia (entre 3’000 y 7’000 millones de euros).

Estas inversiones públicas implican un incremento de la deuda de varios de los países sudamericanos, puesto que se vinculan con créditos otorgados, entre otros, por las propias entidades financieras que promueven a IIRSA. El BID apoya 12 de los 31 proyectos estratégicos de la Agenda prioritaria de IIRSA, además de participar en 28 proyectos de la Cartera de IIRSA, sumando una inversión total de 7’933 millones de euros, y un financiamiento (créditos) de 2’255 millones de euros. Asimismo, creó el Fondo de Integración (FIRII) para apoyar la preparación de los proyectos de la Cartera con un valor inicial de 15 millones de euros, ampliado en 2008 a 31 millones. Por otra parte, el Banco participa en la realización de 15 estudios técnicos relacionados con proyectos de la Iniciativa, mediante recursos no reembolsables del FIRII, sumando un total de 9.79 millones de euros148. A su vez, la CAF está presente en el financiamiento de 53 proyectos de IIRSA, con créditos por un valor total de 5’186 millones de euros (CAF 2011, 130).

Hoy en día, no es posible pensar en IIRSA sin considerar el protagonismo creciente que toma el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), alineado con los intereses geopolíticos de Brasil en la región, así como con una agresiva internacionalización del capital brasileño149. Por ello, es posible decir que el capital brasileño tiene particular interés en la implementación de IIRSA (véase recuadro). En lo que refiere a los grandes proyectos de infraestructuras en particular, se denota frecuentemente la siguiente secuencia: se solicita financiamiento al gobierno brasileño; BNDES apunta una disponibilidad de recursos; los contratos con el país vecino prevén servicios de consultoría o equipamiento brasileños; las empresas acceden a los recursos de BNDES en condiciones ventajosas y establecen consorcios con empresas originarias de los países donde tienen lugar las obras. De acuerdo con Carvalho (2011) esta secuencia implica que las empresas brasileras obtengan beneficios importantes y que los países vecinos incrementen su deuda pública y sufran de los impactos socioambientales asociados a los megaproyectos.

La integración física no puede ser deslindada de la integración económica, puesto que la primera busca facilitar el camino de la segunda. Ambas están sujetas a la correlación de fuerzas vigente a nivel geopolítico en el continente americano. IIRSA fue ciertamente iniciada en el contexto de las negociaciones en torno al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y promovida por los mismos actores que presionaban para la firma del acuerdo. No obstante, la Iniciativa no ha podido mantenerse al margen de los cambios que se fueron produciendo en relación al fracaso del ALCA. Estos cambios tienen que ver con la voluntad de varios países latinoamericanos de construir un contrapoder frente a la hegemonía estadounidense. Así, se conformó la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), promovida desde 2004 por Venezuela y Cuba. Esta iniciativa política se acompañó del diseño de una política de integración económica basada en una aspiración distinta al ALCA152. Además, se operó un evidente acercamiento entre Venezuela, Brasil y Argentina, concretado por la firma de la Alianza Estratégica Brasil-Venezuela en 2005, y la integración de Venezuela en el MERCOSUR en abril de 2011. A raíz de la Alianza Estratégica, los intercambios económicos entre Venezuela y Brasil pasaron entre 2003 y 2011 de 622 millones de euros a 3’889 millones (Zibechi 2012).

Estos dos elementos se alinean con la consolidación de un nuevo espacio político en el subcontinente mediante la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) entre 2008 y 2011. En la Unión se han organizado diferentes Consejos, sobre temáticas como la salud, el desarrollo social, educación, defensa, economía y finanzas, y otros. Entre ellos resaltamos al Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN), creado en noviembre de 2009, con el mandato de fomentar el “desarrollo de una infraestructura para la integración regional, reconociendo y dando continuidad a los logros y avances de IIRSA, e incorporándolos en su marco de trabajo” (UNASUR 2009). De hecho, su estructura es llamativamente similar a la de la Iniciativa. Está integrado por las y los Ministros de las áreas de infraestructura y/o planeamiento de los Estados miembros de UNASUR, y cuenta con IIRSA como Foro Técnico para temas relacionados con la planificación de la integración física regional suramericana.

El Plan de Acción Estratégica (PAE) contempla instrumentos destinados a la implementación financiera de la Cartera de Proyectos de COSIPLAN, la cual prevé una inversión de 90’324 millones de euros (BID/INTAL 2012, 85). Asimismo, el Consejo dispone de una Agenda de Proyectos Prioritarios (API), integrada por un conjunto de proyectos únicamente de transporte y energía, considerados por UNASUR como estratégicos y de alto impacto para la integración física regional. Estos proyectos articulan “corredores” o “espacios de integración”. Son denominados “proyectos estructurados”, puesto que “consolidan redes de conectividad física con alcance regional, con el propósito de potenciar sinergias existentes y solucionar las deficiencias de la infraestructura implantada” (BID-INTAL 2012, 81). Se componen de uno o varios proyectos individuales de la Cartera de Proyectos de COSIPLAN. La API está integrada por 31 proyectos estructurados (divididos en 88 individuales) con una inversión prevista entre 10’619 millones de euros y 16’262 millones155. Es importante señalar que la API retoma los 7 Ejes de la Agenda Consensuada de IIRSA, y añade aquel de la Hidrovía Paraguay-Paraná, contemplando un total de 8 ejes.

El hecho de que el BID haya promovido IIRSA, como se señaló anteriormente, en la línea de proyectos impulsados por los Estados Unidos, y que UNASUR tenga un perfil de mayor independencia frente a la potencia del Norte, no ha descartado la participación del BID en COSIPLAN. Al contrario, el Banco ha pasado a promover al Consejo, en plena continuidad con el papel ejercido en IIRSA (FIESP 2012, 30). En el conjunto de los proyectos individuales de COSIPLAN, la participación de la inversión pública estimada es de 35%, la privada 30% y el restante provendría de alianzas público-privadas (FIESP 2012, 300). En su mayor parte, los proyectos serán financiados por el BNDES de Brasil, pero podrán participar Bandes de Venezuela, el Banco de Inversión y Comercio Exterior de Argentina y el regional Banco del Sur (Zibechi 2011).

Ver artículo completo en la publicación: Impunidad S.A. Herramientas de reflexión sobre los “súper derechos” y los “súper poderes” del capital corporativo http://odg.cat/MCA/ImpunidadSA/docs...

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