Perú despoja de territorio y cultura a los indígenas amazónicos

Viernes 24 de enero de 2014

Autor: Ollantay Itzamná

Editorial y canal: Otramerica

Tipo de documento: Artículo

Idioma: Español

Tema: Pueblos indígenas

Palabras clave: Canon gasífero desnutrición crónica, indígenas quechuas, nativos ashánincas, nativos machiguengas, petróleo, sistema neoliberal y soberanía alimentaria.

Países y regiones: Perú

Foto: Ollantay Itzamná (Familia machiguenga. Comunidad Quiriosiriato. Kimibiri.)

El distrito de Kimbiri es uno de los diez municipios de la provincia de La Convención, en el departamento del Cusco, en el sur del Perú. Tiene una extensión territorial de 1,134.69 Km2, y una población actual de 20,947 habitantes. Se encuentra en la selva alta de la Amazonía.

Forma parte del codiciado y enigmático VRAEM (valles de los ríos Apurimac, Ene y Mantaro). Está ubicado en el noroeste del Cusco. En el valle del río Apurimac (afluente del Amazonas). Colinda con el municipio de Echarate, en cuya jurisdicción está el Lote 88 (Camisea), la apetecida joya gasífera del Perú neoliberal.

En la actualidad, Kimbiri es la materialización más burda en miniatura de las “bondades” y vicios del sistema neoliberal. Existen tantos autos y camionetas Hillux 3.0 del año, incluso pilotados por menores de edad, recorriendo por las polvorientas carreteras o en medio de las casitas improvisadas de madera, que es imposible no percibir este Perú de pobres con plata. Casi no existen buses de transporte público. Todo es taxi y carros del año. Casas de cambio, improvisados locales comerciales, cantinas e iglesias dinamizan el aún incuantificable dinero “caliente” que se mueve en el lugar.

Ante la pregunta, ¿de dónde sale tanto dinero? la respuesta casi consensuada es: “Es el canon gasífero”. Pero, si uno insiste con la pregunta, casi siempre la gente termina respondiendo: “Es la coca”.

En el distrito de Kimbiri, en los últimos años, la producción de la hoja de coca desplazó de lejos al cacao y a los frutales tradicionales. Don Grover Alcahuamán, Gerente General del Municipio de Kimbiri, nos indica que sólo un aproximado del 5% de la producción de la coca es entregado a la Empresa Nacional de la Coca (ENACO). Pero, eso sí, no existe violencia criminal, ni sicariato, ni secuestros. Dicen que existe destacamento militar en la zona, pero en su respectivo cuartel. Por el camino se ven algunos policías motorizados pidiendo limosna (coimas) a los ostentosos pilotos.

Este distrito fue creado en 1990, sobre una fracción del territorio habitado por pueblos nativos machiguengas y ashánincas, de origen seminómada, hijos/as de la selva y de los ríos. En la actualidad, de las 39 comunidades del distrito, 15 son comunidades nativas (machiguengas y ashánincas), pero en situación de completo saqueo material y cultural, carcomidos por la desnutrición crónica, y, muchos, ilusionados por la fracasada modernidad que los inunda. Estos datos se encuentran en el documento titulado Desnutrición Infantil en Kimbiri, una persistente realidad dolorosa que debe ser afrontada con pertinencia cultural.

Indígenas quechuas sobre territorios machiguengas y ashánincas

Si la Corona española no pudo avanzar sobre la selva peruana, el Estado republicano sí lo logró. Pero, utilizó a campesinos quechuas para reducir a machiguengas y ashánincas, y “dominar” la selva.

El caso del actual distrito de Kimbiri es una muestra patética de cómo el Estado peruano utilizó a indígenas quechuas, despojados de sus tierras (por los gamonales españoles y republicanos), para despojar, a su vez, tierras, bosques y ríos a nativos machiguengas y ashánincas que vivían y viven sin Estado en las entrañas de la cabecera de la Amazonía.

Si bien desde inicios del pasado siglo colonos quechuas irrumpieron en Kimbiri, fue con la fallida reforma agraria que el presidente Juan Velasco Alvarado (1968-1975) colonizó la zona con quechuas campesinos sin tierra provenientes de los departamentos vecinos.

De este modo, los colonos quechuas (que no se asumen como indígenas, sino como campesinos) ocuparon las fértiles tierras bajas y medias del valle de Apurimac (en la franja del distrito de Kimbiri) y obligaron a huir hacia las partes más altas o aisladas a la gran mayoría de machiguengas y ashánincas. Sólo así el Estado pudo crear el actual distrito de Kimbiri, en territorio de nativos machiguengas y ashánincas, pero en contra de estos dos pueblos, y con la complicidad de colonos quechuas. Para los colonizadores (quechuas y mestizos) los machiguengas y ashánincas fueron y son “primitivos”, “incivilizados”, “objetos de caridad”. En otras palabras: no sujetos, ni portadores de derechos.

La maldición del petróleo

Una vez que los nativos amazónicos fueron reducidos geográfica y culturalmente, la infantería petrolera avanzó sobre dicho territorio para arrasar con todo en busca de hidrocarburos.

A finales de la década de los ochenta del pasado siglo, la empresa Shell fue internacionalmente denunciada por la muerte del 50% de la población del pueblo nativo Nahua o Yora (en el distrito de Echarate), producto del contacto y contagio de enfermedades transmitidas por el ejército de exploradores de hidrocarburos de Camisea (yacimiento de gas natural más grande del Perú, ubicado en la Provincia de La Convención, Distrito Echarate, colindante con Kimbiri).

En 2000, la argentina PLUSPETROL se adjudicó el negocio del siglo para la explotación de aquel infeliz hallazgo del Lote 88, conocido como Camisea. Desde entonces, este consorcio hidrocarburífero decide en el Perú quién es indígena y quién no, según el vaivén de sus negocios. Según Beatriz Huertas, el Lote 88 se sobrepone sobre el 23% de la Reserva Territorial Kugapakori Nahua (declarada por Resolución Ministerial 00046-90-AG/DGRAAR), ubicada en el distrito de Echarate y parte del sur del departamento de Ucayali.

La fiebre y el derroche del canon gasífero en Kimbiri

El distrito de Kimbiri es uno de los beneficiarios del canon gasífero. En los últimos 10 años, según el actual Gerente General Municipal, su presupuesto anual se multiplicó en más de 1000%. En 2013, contó con un presupuesto total de 107 millones de soles (cerca de 40 millones de dólares) para una población total de 20,947 habitantes.

Si dividimos dicho monto por el total de la población, a cada habitante del Municipio (desde los recién nacidos hasta los ancianos) le corresponde 5,108 soles anuales (cerca de 2 mil dólares por persona).

Además, el mismo Gerente General de la Municipalidad nos indica que en la Alcaldía trabajan más de 600 técnicos, (sin contar a los obreros) con un salario promedio de 3,500 soles mensuales (cerca de 1,300 dólares). En este joven Distrito, por cada 34 habitantes existe un empleado técnico municipal. Los ingenieros tienen un salario mensual no menor a los 6 mil soles. Los nativos ashánincas y machiguengas no gozan de este privilegio, mucho menos forman parte de los sucesivos gobiernos municipales.

En el mes de diciembre pasado se ejecutaban simultáneamente más de 120 proyecto con financiamiento municipal, cuyo presupuesto total oscila entre 1.5 a 9 millones de soles en todo el territorio municipal. De los cuales, sólo alrededor de 20 proyectos eran y son de desarrollo productivo. El 80% restante es de fierro y cemento. Verdaderos elefantes blancos en medio de la selva.

Hasta con un 90% de desnutrición infantil

El grado de escolaridad en el distrito es de 3 años promedio. Kimbiri apenas cuenta con un Instituto Tecnológico. El analfabetismo y la desnutrición tienen carta de ciudadanía permanente, en especial en áreas rurales.

Walter Llactarimay Pillaca, enfermero técnico del Centro de Salud de Villa Quintiarina, indica que en la comunidad nativa de Masoquiato (machiguenga) la desnutrición infantil alcanza casi al 90% de menores de 5 años. Arturo Arusquipa, médico del Centro Poblado El Progreso, señala con impotencia que en su jurisdicción la destrucción infantil bordea entre el 60 y 70%. Esta es la dolorosa y contrastante realidad del pujante Distrito de Kimbiri que casi se ahoga en el canon gasífero, pero donde las comunidades nativas y campesinas son carcomidas por la galopante desnutrición.

El Estado peruano no sólo despojó de sus tierras/territorios a pueblos amazónicos, sino que producto del proceso del mestizaje (“civilización”) les anuló casi por completo la soberanía alimentaria a estos pueblos. Antes tenían los ríos y la selva con abundantes animales. Ahora, ellos no tienen acceso a los ríos. Y en el bosque, el rifle caza más que la flecha.

El sistema de educación y de salud, sin ningún criterio básico de pertinencia cultural, está acelerando la muerte biológica y cultural de estos pueblos seminómandas que desde tiempos indeterminados convivieron en equilibrio con los diversos ecosistemas de la selva.

Machiguengas y ashánincas recibieron sin resistencia a los colonos en sus territorios, pero éstos no sólo les quitaron las tierras, sino que les contagiaron con enfermedades desconocidas. Les envenenaron y quitaron sus ríos y bosques. E incluso, como hace cinco siglos atrás, misioneros evangélicos y católicos los persiguen en las comunidades para evangelizarlos y bautizarlos en nombre de ese Dios que jamás se sacia con la sangre y el sufrimiento humano.

El argumento siempre es el mismo: civilizarlos y encaminarlos hacia su desarrollo. Así se aniquila en el Perú neoliberal a los legendarios guardianes de la Amazonía.

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