Reflexiones en torno a los movimientos sociales, memoria y pedagogía crítica

Viernes 1ro de noviembre de 2013

Autor: Graciela Rubio*

Editorial y canal: Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe (CEAAL)

Tipo de documento: Artículo

Idioma: Español

Tema: Educación

Palabras clave: Educación popular, democracia, despolitización social, dictadura militar, modernización, movimiento obrero, movimientos sociales y sistema neoliberal.

Países y Regiones: Chile

La articulación entre pedagogías críticas y educación popular se ha construido históricamente a partir de los movimientos sociales y sus acciones por conquistar nuevos espacios para transformar la sociedad, proceso en el cual han emergido las memorias como dispositivos para la reflexión, la acción y potenciación de los movimientos.

Bengoa ha afirmado que en la actualidad presenciamos en Chile “el regreso de los movimientos sociales a la escena pública, los que aparentemente habían desaparecido”. Efectivamente en la historia de los movimientos sociales es posible reconocer coyunturas de alta y baja densidad en el carácter, propósito y visibilidad de su acción. Desde esta premisa podemos reconocer ciclos y formas de acción que evidencian triunfos y derrotas. También, es posible observar que su acción describe relaciones de tensión entre los ejes de: la participación; el cambio social; la identidad y la modernización, los que se manifiestan históricamente.

Bengoa reconoce tres grandes ciclos en el caso de Chile: El que definió como eje de la política la acción colectiva y social iniciado en la década de 1920 de carácter fundacional. Anclado en el movimiento obrero que doto de identidad y consistencia ética la movimiento, que se buscaba a sí mismo, promoviendo la autogestión y autoformación (fundación de escuelas propias) moviéndose posteriormente a un diálogo activo con los partidos y el estado. El segundo ciclo se iniciaría con la experiencia dictatorial la que impuso la represión, exterminio y destrucción del tejido social, que implicó una crítica a los procesos previos y la emergencia de identidades y sujetos silenciados (mujeres, jóvenes, perseguidos, étnicas, etc.) los que desde formas organizativas diversas y ajenas al Estado, desarrollaron una resistencia a la política dictatorial y defensa de las comunidades y sujetos sustentándose en los DDHH para su acción. La política dictatorial instaló un sistema neoliberal que afectaría a toda la sociedad y especialmente a los sectores populares lo que potenciaría nuevas formas de constitución de lo social, de lo organizacional y del modo de ejercer el liderazgo, así como una redefinición de las demandas históricas potenciando nuevamente la autogestión y una convicción de resistencia que enriquecería su memoria de largo plazo. El retorno a la democracia en los años 90 supuso una suerte de cooptación de los movimientos por los gobiernos que instalaron una despolitización de la acción social.

Efectivamente, hoy presenciamos una emergencia en la escena pública de los movimientos sociales, lo que resignificados han liderado la lucha por la educación pública diezmada por las políticas neoliberales en curso. Y es precisamente este ámbito reconocido en la modernidad como un derecho social que supuso una conquista, el que ha sido trastocado por las políticas neoliberales en democracia consolidando una condición de sometimiento y nuevas formas de proletarización. Se discute en diversos escenarios tanto académicos como sociales sobre el derecho a la educación y sus implicancias en relación a los nuevos sujetos y formas de construir una nueva práctica educativa.

En este marco, Salazar, desde una visión histórica de la educación afirma que si bien, el derecho a la educación fue reconocido por el Estado a lo largo del siglo XX, ha primado una visión oligárquica de la educación de los “mercaderes librecambistas” que nos han gobernado. Nuestra clase dirigente posee una pulsión de identificación con Europa (Siglo XIX) o, de todo aquello que indique modernización y poder pero sin permitir que la educación pública transforme efectivamente la sociedad. En el siglo XIX, debíamos educarnos a la europea evidenciando un desprecio por la educación chilena. Tanto así que “El sistema educativo es la historia del discurso de la oligarquía” instalando a través de la enseñanza en los estudiantes chilenos, una memoria de un mundo que no es propio. De ahí que los jóvenes estudiantes busquen formas de auto educarse y de auto reconocerse (en sectores que acceden a la educación superior, se estudian a sí mismos en investigaciones de pre grado y postgrado) Desde este marco, es posible recocer en los jóvenes, dos orientaciones; una que niega la ciudadanía y por otra, una búsqueda de identidad referenciada desde sí mismos.

Los actuales movimientos sociales; (mochilazo, 2001; Pingüino,2006 y por la educación pública 2011 hasta la fecha) son portadores de una memoria social que reconoce sus vínculos más directos con las reservas de memoria de las protestas de los años 80,las redes de ollas comunes, con las tomas en la dictadura militar y búsqueda de espacios comunes en los 60 y 70 basados en formas asambleístas que cuestionaban las formas de acción lideradas por caudillos propias del siglo XX, consolidadas por el propio movimiento obrero y su relación con el estado y los partidos(Allende) que cuestionaron las democracias representativas.

La dictadura destruyó las organizaciones pero no, el poder popular. Esto se evidencia en el número de protestas entre los años 83 y 87(23) desestabilizando al régimen dictatorial. La tortura se concibió para desmantelar las organizaciones leninistas por dentro y habría sido efectiva en ello, pero el poder popular no fue vencido. Como efecto de esta experiencia más reciente; el moviendo popular se desvinculó de la política activa y evidentemente del Estado, proceso que sería reforzado por los gobiernos democráticos neoliberales describiendo un camino paralelo. Desde ahí emerge entonces, pregunta sobre ¿Cómo educamos?

Salazar propone para responder a esta pregunta; Abrir la abstracción que supone la invención de la nación, más aun, cuando prima un Chile del mercado que excluye y reprime; Reconocer el peso de las comunidades locales; abrir las ciencias sociales y la educación a los problemas reales: No somos un país industrializado; el estado nunca ha sido constructor o promotor de ciudadanía, más bien esto ha contribuido a generar ciudadanos “peticionistas” que solicitan a los actuales mercaderes usureros que regulan la economía y la política y, que nunca han atendido las demandas ciudadanas. Antecedentes de esta continuidad los encontramos en los hitos constitucionales de 1833(Victoria de conservadores sobre liberales) constitución de 1925 victoria del estado sobre movimientos sociales y pedagógico y constitución de 1980 en el marco dictatorial de exterminio y consolidación de nuevas formas de sometimiento y explotación. Estas experiencias consolidan una “ciudadanía mendicante” así como un país no integrado. En este proceso de historia larga, y corta emergen los actuales movimientos sociales organizados territorialmente y desde formas asambleístas que evidencian: querer educarse; acceder al conocimiento ético político y resignificarlo para la acción y consolidar las prácticas asambleístas.

*Este artículo forma parte de la Síntesis coloquio pedagogías críticas y educación popular grupo CLACSO, octubre 2013.

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