Ser mujer y ser indígena, un peligro en la Guatemala del despojo

Lunes 11 de noviembre de 2013

Autor: Desinformémonos

Editorial y canal: Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL)

Tipo de documento: Artículo

Idioma: Español

Tema: Medio ambiente

Palabras clave: Cementeras, educación rural, hidroeléctricas, igualdad, masacre, medio ambiente, mineras, mujeres, neoliberalismo y pueblos indígenas.

Países y Regiones: Guatemala

Totonicapán, centro de la lucha indígena

Totonicapán en este momento representa un lugar de articulación política de la lucha indígena a nivel regional, en el sentido en que es desde ahí que se ha defendido el uso de las tierras comunales y la soberanía que tenemos los pueblos indígenas sobre ellas.

Varias de nuestras luchas, su proceso de actualización y las distintas formas en que varios jóvenes nos hemos involucrado en el tejido político social en Totonicapán, tiene que ver contra una lucha porque la Constitución no sea cambiada. El gobierno de Otto Pérez Molina, que es un presidente que participó en las políticas genocidas de los años ochenta, quiere reformar la Constitución; precisa cambiar, en materia indígena, los artículos 1 y 66.

En el artículo 1º quiere establecer que Guatemala es una nación única, con un territorio indivisible. Anteriormente no estaba registrada de esa manera. Su interés de colocarla como nación única y pueblo indivisible significa para nosotros cerrar todas las posibilidades de existencia en el marco de la Constitución. Aunque nos desconocieran en la Constitución vamos a seguir existiendo, pero cambiar eso significa un paro a nuestras demandas.

Con respecto al artículo 66, en la Constitución actual dice que somos grupos étnicos, que tenemos cultura, idioma y formas de organización social. En la reforma dice que somos pueblos indígenas que tenemos cultura, que tenemos vestidos diferente y que hablamos idiomas, pero el central es el español, y borra de tajo formas de organización social que en muchos casos nos han servido para defendernos y decir que tenemos organización social es porque está encima de la tierra comunal. Por eso saben que tienen que cambiarlo, y contra eso nos opusimos el 4 de octubre de 2012 (día de la masacre).

Nos opusimos a esa reforma y a las del 256, del 253 y del 252, que lo que quiere es reformar el papel de la policía y del ejército. En la reforma se dice que el ejército podrá auxiliar a la policía en labores de seguridad y de contención, siempre y cuando el presidente lo requiera. Eso es abrir la posibilidad a fuerzas combinadas, que deja también de lado lo que se acordó en los Acuerdos de Paz, respecto a que se tenía que desmovilizar el ejército y la policía tenía que convertirse en civil, y que no tenía que estar armada. Ahí de nuevo se vuelve a constitucionalizar el uso de las fuerzas armadas.

El 4 de octubre salimos a protestar también porque había un proceso de negociación por los altos cobros de la tarifa de la luz. Se estaba cobrando demasiado, y en algunas comunidades se nos hacía un cobro por el uso del alumbrado público y no se tiene ese servicio. Cuando las comunidades empezaron a hacer sus cuentas, había por ahí 16 mil quetzales de recolección de pago de alumbrado público por un servicio que no se tenía. Se salió a protestar también porque se estaba aumentando el costo del kilovatio.

Era una lucha a nivel nacional, no únicamente por Totonicapán, se llevó por un año y se estableció que sí se iba a negociar con la empresa eléctrica.

Otra lucha por la que se salimos a manifestarnos es porque querían aumentar los años de formación a los estudiantes, los que aquí se llaman normalistas, allá se llaman estudiantes de magisterio. Para poder trabajar como profesor en Guatemala necesitas estudiar tres años, y ahora, la Ministra quiere reformar la ley y aumentarle dos años, y convertir eso en un bachillerato en educación y no en un profesor de educación rural, que es lo que te da la licencia para poder trabajar. Los hijos de la gente que está defendiendo la luz, los hijos de la gente que estamos defendiendo las tierras comunales, son a los cuales se les quieren cargar estos años, y por eso se salió a protestar.

El 4 de octubre del 2012, por los testimonios que tenemos de las compañeras y los compañeros, es que el ejército acampó un día anterior, porque se encontró el lugar donde estaban. No es que fortuitamente llegó el ejército y se dio un enfrentamiento; el ejército estaba ahí y lo que quería era reprimir, y murieron seis compañeros ahí.

Lo que está en juego en este momento en Totonicapán es desestructurar a toda la red organizativa que está luchando contra la reforma constitucional, la luz, y que aparte está llevando un proceso de juicio por esa masacre, porque eso no fue un accidente, fue un acto organizado, deliberadamente ordenado. En este momento también tenemos un proceso de juicio en los tribunales, y están todas las trabas jurídicas y legales.

El aniversario de la masacre

En octubre de 2013, organizamos una marcha y un mes de actividades. Son varios compañeros que nos constituimos como un colectivo que se llama Cartaginem, que significa un nuevo despertar, con una serie de eventos, una marcha, una toma en la carretera, la develación de una plaqueta con el nombre de los mártires, y organizamos actividades culturales: se hicieron conciertos, unos compañeros se organizaron y tomaron todas las imágenes que se tenían de los celulares, los descargaron e hicieron videos de alta resolución.

Nosotras como colectivo organizamos una muestra fotográfica, que es una especie de mapeo del despojo actúa, con las mineras, las cementeras y las hidroeléctricas. Y, sí es un mapa del despojo pero también es un mapa de mujeres que portamos los huipiles, que estamos luchando en contra de esos procesos.

Este es el contexto de las actuales amenazas. Lo que quieren es desestructurar esta emergencia política de varias organizaciones, porque cuando se celebró el 4 de octubre, vinieron los compañeros de Nebaj, los de Huehuetenango, de San Marcos, de Chimaltenango, de Sololá, que son los lugares donde se están implantando estos proyectos extractivos.

El despojo. Se firmó la paz, pero no nos dimos cuenta que llegaron las hidroeléctricas

Hay más de 73 licencias de exploración minera otorgadas; hay también cientos de órdenes de captura de hombres y mujeres en la región de Altiplano Occidental, porque es el lugar donde está la vena montañosa, con una diversidad biológica y ecológica, pero también es donde se concentra la mayor cantidad de fuentes de agua potable, que está ligada al cuidado del bosque.

Los que nosotros conocemos más es el caso de la minera Montana, en Huehuetenango, en San Miguel Ixtahuacán, que tiene ya más de siete años de operación; en el cual el proceso de resistencia está en el sabotaje permanente del funcionamiento de la mina. Un colectivo de compañeras se dedica a botar los postes. Saben que la mina ya está funcionando, que ya se metió, que no se dieron cuenta. Dicen los compañeros cuando les preguntamos que cómo es que no se dieron cuenta de que llegó así, y es que ellos entendieron muy bien que muchos de nosotros nos pasábamos a México para el proceso del corte de café.

Cuando nosotros no estábamos y nos íbamos a las fincas, es cuando comenzaron a llegar y a poner la maquinaria. Ellas, las compañeras de San Miguel Ixtahuacán, ahora están en un proceso de sabotaje del funcionamiento de la mina.

En el caso de Barillas hay un fuerte proceso de resistencia encabezado por las mujeres, por Hermelinda Simón, por Isabela Gaspar, y por varios compañeros que también están criminalizados. Allá están cerrando los caminos para evitar el ingreso de la policía y el ingreso del ejército a estos lugares. El ejército lo que hace es llegar en helicóptero.

En San Juan Sacatepequez, lo que quieren es instalar una de las cementeras más grandes a nivel centroamericano, y la quieren construir en el territorio de 12 comunidades kajchiqueles. El compañero Concepción, que está en este proceso de lucha y de resistencia, nos dice que hay más de 14 compañeros en la cárcel, y es mucho más dificultoso porque ellos están a 14 kilómetros de la capital, con lo cual tiene muchos más cerca el ejército y a la policía. Aquí hay dos procesos de seguridad: la seguridad del ejército y la seguridad de ellos. Mi hermana acaba de volver de ese lugar y me dice que hay dos puestos de control: el que tiene el ejército, que deja pasar, y el de las comunidades, que son quienes deciden a quienes dejan pasar.

Y el caso de las compañeras del Ixil, que decían que qué bien que hubieron acuerdos de paz, porque eso hizo que el ejército se desmovilizara y se fuera. El problema, decía una compañera, es que nos emocionamos mucho con que se firmó la paz, pero no nos dimos cuenta que llegaron las hidroeléctricas y que llegaron los proyectos mineros. También estas compañeras están jóvenes, nietas de las mujeres que declararon por la violación en el juicio contra genocidio, que se dan cuenta de que están ingresando las hidroeléctricas porque ellas siguen buscando a sus muertos, ellas siguen buscando en las osamentas clandestinas y eso significa que tienen un conocimiento territorial.

Ahí se dan cuenta de que está ingresando gente a hacer exploración, y de que hay más de 14 licencias otorgadas por el Ministerio de Energía y Minas a esa región del ixil.

Son varias luchas que se van articulando, y en este momento Totonicapán es el lugar de confluencia y de denuncia, no sólo de la masacre contemporánea, que pone en tela de juicio a Otto Pérez Molina, sino también en el caso de Nebaj. Totonicapán es un lugar donde se han estado expandiendo y confluyendo varias luchas, y eso es lo que quieren frenar.

Las mujeres en lucha

Actualmente hay una mayor visibilidad de las mujeres en lucha. Es el reconocimiento de lo que permanentemente se ha dado. Todas nuestras abuelas, nuestras tías, nuestras madres, se rebelaron todo el tiempo. Mi abuela trabajo de niña dentro de una finca, y me contó cómo se rebelaron contra los malos tratos, porque no les daban de comer.

Es como dice Silvia (Federici), una revolución silenciosa. Aparentemente no es revolución, pero siempre se manifestaron.

Ahora es mucho más difícil de ocultar. Este hecho de hacer la comida, el cuidado de los niños, es la base para que lo otro se pudiera mantener, si no, no sería posible. Aunque sí es cierto que hay mucha más visibilidad ahorita, o mucho menos ocultamiento, porque también ha habido un proceso de formación, hay un manejo de español, eso significa que es muchos más público nuestro discurso. Antes era únicamente en quiché –y sigue siendo así en muchas partes- y eso significa que ha sido mucho más difícil malear y cooptar los procesos de las mujeres. Ha sido mucho más fácil malear y cooptar a los compañeros hombres porque han tenido un lenguaje de comunicación liberal mucho más igualador.

Ver artículo completo:

PDF - 102.2 KB

Ver en línea : Ser mujer y ser indígena, un peligro en la Guatemala del despojo

Tejiendo Redes.
C/ Hermanos García Noblejas, 41, 8º. 28037 - MADRID.
Tlf: 91 4084112 Fax: 91 408 70 47. Email: comunicacion@fidc.gloobal.net

SPIP |