Doha COP 18: Entrada a una mayor injusticia climática

Miércoles 19 de diciembre de 2012

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Fecha: 10 de diciembre de 2012.

Fuente: IBON International.

Palabras claves: justicia climática, cambio climático.

Tipo: Comunicado de prensa.

Las recientemente concluidas negociaciones sobre el clima celebradas en Doha, Qatar, se han visto catalogadas como algo que abrió “una entrada a una mayor ambición y una mayor acción sobre el cambio climático”. En realidad estas negociaciones se limitaron, escasamente, a preservar vivo el Protocolo de Kyoto, por un tiempo más que le permita reclamar un marco de trabajo multilateral para hacer frente a la crisis climática que todavía perdura. Pero éste es un marco de trabajo multilateral mucho más débil, que está repleto de resquicios y que a todas luces se ve inadecuado para la tarea de evitar el irreversible cambio climático. Crucialmente, no ha sido capaz de brindar la acción inmediata que se requiere para hacer frente al cambio climático en estos momentos. En su lugar, todas las decisiones difíciles que se requieren para ‘incrementar la ambición y la acción respecto del cambio climático” se han visto pospuestas, esencialmente, para el 2015 o más para allá – para su puesta en práctica a partir de 2020. En otras palabras, el mundo se ha visto atrapado en otro decenio de inactividad oficial ante una emergencia planetaria.

El único resultado significativo de Doha es el reconocimiento oficial de la pérdida y el daño que han sufrido los países en desarrollo como resultado del cambio climático, lo que posiblemente allane el camino para una “ayuda” y unos préstamos provenientes de los países desarrollados como respuesta. Pero los países desarrollados, encabezados por los Estados Unidos, se han asegurado que cualquier tipo de compromiso no será visto como una compensación o una responsabilidad legal por el daño histórico a la atmósfera producido por los países avanzados industrializados durante siglo y medio de contaminación.

También significó el inicio de un nuevo programa de trabajo respecto de un nuevo mecanismo de Mercado para extender y expandir los así llamados mecanismos de flexibilidad. Esto permite que los países desarrollados se compren una salida respecto del cumplimiento de sus objetivos de reducción en las emisiones por intermedio de los mercados de carbón y mecanismos para contrarrestar a la vez que le permite a los banqueros y a los comerciantes contar con nuevas oportunidades para obtener ganancias a partir de nuevos instrumentos financieros.

Cuando se aplaque el revuelo creado en Doha a raíz de la COP 18, este evento será recordado como algo que ha allanado el camino hacia una cobarde aceptación de que resultaría más “pragmático” hacer frente a las consecuencias de la crisis climática que hacerle frente a sus causas raigales.

Una COP que ha fallado.

Ya sea en el tema de las reducciones de las emisiones, en la mitigación y adaptación del proceso de financiamiento, en las transferencia de tecnología o en hacer frente a las crecientes pérdidas y daños provocados por el cambio climático, los líderes de los países que son los principales responsables de la crisis climática se negaron a contraer compromisos significativos en Doha.

- El segundo período de compromiso del Protocolo de Kyoto, el único tratado multilateral de carácter legal vinculante sobre las emisiones, se ha extendido por espacio de ocho años, congelado hasta un muy poco ambicioso tratado hasta 2020, del cual Japón, Rusia y Canadá se han apartado, sumándose a los Estados Unidos que nunca lo ratificó. Este contiene un llamado a los países signatarios del Protocolo de Kyoto a que revisen sus metas de reducción de las emisiones en línea con su rango de 25-40% para 2014 cuando menos.

- El tratado incluye ciertos resquicios legales tales como el remanente de asignaciones extras en las reducciones del primer período de compromiso y el comercio de permisos de emisiones de carbón que no se hayan utilizado, que se conocen como “aire caliente”.

- Respecto al financiamiento, los países desarrollados no han cumplido con la idea de suministrar el financiamiento necesario y requerido acorde con su responsabilidad histórica por haber causado el cambio climático. Las decisiones sólidas se han referido para el 2013, sin que se haya establecido compromiso alguno sobre cómo se suministrará la cifra comprometida de US 100 mil millones de dólares al año para el 2020 y sin ninguna garantía sobre los US 60 mil millones de dólares que los países en desarrollo exigieron con efecto inmediato.

- Ha existido un acuerdo sobre “pérdidas y daños producidos por el cambio climático” que representó una ardua lucha de parte de los países en desarrollo. Sin embargo, existe una falta de claridad sobre de dónde procederán los fondos y sobre cómo serán desembolsados. Los Estados Unidos se opusieron enérgicamente a cualquier lenguaje que entrañara responsabilidad legal.

- La COP19 a celebrarse en Varsovia, Polonia, tendrá que ocuparse de muchos temas derivados de la “Entrada al Clima de Doha” incluido los detalles sobre el financiamiento como resultado de daños y pérdidas. Las conversaciones se centrarán en un nuevo tratado que se formalizará en 2015 y se iniciará en 2020.

No es suficiente

Estos resultados están muy alejados de lo que requiere la ciencia climática y de lo que demanda la justicia social.

El acuerdo alcanzado en Doha no estipula lo que se requiere para salvar las vidas de millones en el Sur Global quienes sufren la carga de una historia de contaminación provocada por los países industrializados del mundo.

Tal como lo expresara el negociador de Seychelles, Ronald Jumeau al negociador estadounidense: “Si hubiéramos sido más ambiciosos [respecto de las reducciones de las emisiones de los países ricos], no hubiéramos tenido que pedir tanto [dinero] para la adaptación. De haber existido más dinero para la adaptación [al cambio climático], no estaríamos buscando dinero para cubrir las pérdidas y los daños. ¿Qué viene después de esto? ¿ La pérdida de nuestras islas?”

Los países desarrollados se han comprometido escasamente a un conjunto exiguo de reducciones sobre sus emisiones del gas de efecto invernadero comparado con los niveles de 1990. Australia accedió a un miserable 0.5 por ciento sobre sus niveles de emisión de 1990 para el 2020, con ulteriores cortes que dependen de una acción internacional más amplia. La UE accedió a un objetivo de reducción de un 20 por ciento, y dijo que el 30% requeriría el compromiso de otros países desarrollados sobre reducciones comparables de emisiones. Muchos países de la UE ya casi han alcanzado su meta.

Estados Unidos dijo que reduciría las emisiones en un 7 por ciento en 2020 a partir de los niveles de 2005, lo que se corresponde a una disminución de 3 a 4 por ciento por debajo de los niveles de 1990. Sin embargo, esto no tiene carácter legal vinculante, ya que Estados Unidos está fuera del tratado del Protocolo Kyoto por completo.

El Tratado del Protocolo de Kyoto, que sólo cuenta con 36 países en el segundo período de compromiso, representa ahora solo un 15 por ciento de las emisiones globales. Esto nos sitúa en un camino hacia un incremento de 4C en la temperatura, lo que reducirá los rendimientos del arroz y del maíz en casi la mitad, e incrementa el espectro de la hambruna masiva. Millones de personas se verán obligados a abandonar sus hogares debido al incremento de los niveles del mar y de las sequías. Se acelerará la extinción masiva de especies. En sólo dos o tres generaciones, el mundo será mucho más inhóspito para la humanidad.

Respecto del asunto crucial del financiamiento, muchos de los acuerdos realizados no se alcanzaron en las negociaciones oficiales sino en conversaciones laterales donde la crisis climática se vendía como una oportunidad de inversión para los grandes negocios y la gran banca.

En las negociaciones no existió un compromiso concreto respecto del dinero público proveniente de los países desarrollados para que los países en desarrollo se puedan adaptar al cambio climático y alcanzar un desarrollo sostenible. Esto dista mucho de la cifra estimada de US 1 billón de dólares estadounidenses para la mitigación y los cientos de miles de millones que se necesitan anualmente para la adaptación en los países en desarrollo, así como los compromisos concretos que se requieren para cubrir las pérdidas y los daños cada año.

La responsabilidad para este fallo épico cae completamente sobre los hombros de los países más ricos, quienes son igualmente los contaminadores históricos mayores. En lugar de referirse al cambio climático y lograr la justicia climática, los países desarrollados se concentraron en un nuevo tratado para 2020, mientras que la ciencia demuestra que ahora es que se necesitan reducciones drásticas para asegurar la detención del galopante cambio climático.

Ellos utilizan la negativa por parte de las economías emergentes – en particular China – de establecer compromisos vinculantes como pretexto para obstruir un segundo período de compromiso significativo. Mientras que algunos países en desarrollo, en particular los que se encuentran entre los principales emisores históricos, deberían también establecer compromisos para reducir las emisiones de manera importante, el G77 hizo lo correcto y se mantuvo unido en la demanda de que los países desarrollados que son los que han ocupado más de su justa parte del espacio atmosférico deberán ser los que cumplan primero con sus compromisos no honrados respecto de las reducciones y el financiamiento.

¿Y qué pasa ahora?

Ante el empeoramiento de los impactos del cambio climático los pueblos debían continuar impulsando a sus gobiernos en el respeto, protección y cumplimiento del derecho a la vida. Debemos exigir satisfacciones por las violaciones cometidas a nuestros derechos. Deberíamos llevar al máximo todas las avenidas disponibles para exigir la justicia climática para nuestras comunidades y nuestro pueblo a nivel nacional e internacional, incluidos tribunales, parlamentos y órganos internacionales.

Sencillamente no podemos depender de nuestros líderes mundiales quienes una vez más han dado muestra de su total desprecio hacia los intereses de una amplia mayoría de la población mundial en la actualidad, así como para las generaciones futuras. Los movimientos sociales, la sociedad civil y las comunidades en el Norte y en el Sur deben reforzar sus esfuerzos para organizar y movilizar al pueblo, rechazar falsas soluciones, rechazar las operaciones de los grandes negocios que contribuyan al cambio climático, creen sistemas alternativos, y sitúen al mundo en un camino de sustentabilidad desde la base hacia arriba.

El Movimiento Popular sobre el Cambio Climático (PMCC por sus siglas en inglés) ha esbozado un plan de cinco puntos para realizar acciones sobre el cambio climático que se basan en cuatro principios - “ El Protocolo Popular sobre Cambio Climático”. Los cuatro principios son la justicia social (reconocer las raíces sistémicas de la crisis), la soberanía del pueblo (sobre los recursos y las instituciones), respeto hacia el medio ambiente (rechazando los mecanismos de Mercado) y la responsabilidad (responsabilidad común pero diferenciada). Esto se traduce en cinco puntos de acción:

1) Cortes integrales y concertados, pero diferenciados y equitativos en las reducciones de las emisiones para detener el incremento en la temperatura a 1.5C;

2) Compensación por los países del norte a los países del sur, las corporaciones multinacionales y las instituciones para reparar las injusticias históricas asociadas con el cambio climático;

3) El rechazo de las soluciones falsas, tales como los mercados del carbón y mecanismos para contrarrestar que permiten a los estados del norte y a las corporaciones continuar con el daño al medio ambiente, brindar oportunidades para la ganancia y expandir el control corporativo sobre el medio ambiente;

4) Luchar por soluciones ecológicamente sostenibles, justo desde el punto de vista social, en favor del pueblo y de larga duración;

5) Fortalecimiento del movimiento popular sobre el cambio climático.

Todos estos puntos se unen en la necesidad de un verdadero desarrollo sostenible para hacer frente a las raíces de la crisis climática y restaurar la harmonía entre los pueblos y la naturaleza.

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