Informe de posición acerca de la situación de violencia sexual contra las mujeres egipcias y la creciente frecuencia de violaciones en grupo en la Plaza Tahrir y sus alrededores

Lunes 11 de marzo de 2013

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Fuente: Nazra

Tradución: del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Fecha: 1 de marzo de 2013

Palabras clave: Egipto, La violencia sexual contra las mujeres, Los derechos humanos de las mujeres

Con este informe, Nazra for Feminist Studies ofrece un intento teórico feminista de entender el aumento de la violencia sexual contra las mujeres en Egipto durante los últimos meses. Creemos que es importante plantear este tema para que diferentes actores políticos, incluso los bienintencionados, dejen de explotar los temores y preocupaciones de las mujeres. También deseamos contribuir al debate actualmente en curso sobre un tema tan sensible a partir de nuestras pasadas experiencias de lucha contra esa violencia. Damos la bienvenida a este debate, porque llevamos mucho tiempo postulando la necesidad de un debate feminista sobre la violencia contra las mujeres en general. Siempre hemos tratado de combatir esa violencia, de apoyar a los defensores de los derechos humanos de la mujer por todo Egipto y de vincular las cuestiones feministas con la política al defender a las candidatas de diversas tendencias políticas que se presentan para puestos de responsabilidad y que creen necesario apoyar las cuestiones relativas a la mujer situándolas en los primeros puestos de sus agendas.

Si consideramos el lado positivo, hay nuevos indicios de que está surgiendo una conciencia feminista que va tomando forma día a día y que constituye parte integral del actual fermento político en Egipto. Esto ha quedado bien demostrado, por otra parte, en el feroz contraataque a los avances políticos y sociales conseguidos por las mujeres egipcias, pero también estamos siendo testigos de un ataque contra las mujeres en general, que se manifiesta claramente en la violencia ejercida contra ellas, en particular en la violencia sexual.

Introducción

Las penosas experiencias de los últimos meses han puesto de relieve varios hechos nuevos que queremos plantear como parte de un diálogo más amplio sobre estos horrendos delitos y lo que significan para nosotras como mujeres, como defensoras de los derechos humanos, como parte que somos también de diversos movimientos revolucionarios que se describen a sí mismos como solidarios con los temas de la mujer. Nazra ha decidido presentar estas opiniones y recomendaciones preliminares en un informe que se basa en las experiencias de sus equipos de campo y grupos de trabajo. Este documento asume una perspectiva feminista que cree que los asuntos de la mujer son, primero y ante todo, cuestiones políticas en su sentido más amplio, lo que incluye, además de instituciones políticas, agentes y roles, el marco social general en el que actúan los actores políticos, quienes, a su vez, fijan los límites de este marco a través de sus acciones.

Esta perspectiva se basa en la división de roles sociales sobre una base de género y de clase. Los actores políticos, tanto hombres como mujeres, no actúan en el vacío sino a la sombra de una realidad social, patriarcal y clasista que limita y determina a su vez sus acciones políticas, creando oportunidades y riesgos para todos los actores, no sólo para las mujeres. Desde la revolución, las mujeres han trabajado sin descanso para romper diversas barreras que limitan su capacidad para participar en la esfera pública. Han demostrado altos niveles de participación en todos los movimientos y foros políticos que surgieron tras el levantamiento, pero también han pagado un precio muy alto por esa participación, especialmente en lo que se refiere a su libertad de movimiento y a la seguridad e integridad de sus cuerpos. Estos actos heroicos han dotado a las voces de las mujeres de una dimensión nueva y más fuerte, han hecho visible y tangible nuestra causa y han hecho necesario que nos organicemos. Rechazamos las afirmaciones de que las cuestiones de la mujer sólo preocupan a un segmento acomodado de mujeres de clase media.

También rechazamos la retórica de que los derechos de la mujer son monopolio de un conjunto específico de mujeres, ya sea de las que trabajan en estructuras institucionales (por ejemplo, el Consejo Nacional para la Mujer) o en grupos por los derechos que sólo se muestran activas en algunas esferas. También rechazamos las afirmaciones de que las cuestiones de la mujer pueden reducirse a la representación de la mujer en los partidos o en la vida política.

Estos desarrollos requieren de una discusión honesta entre todas nosotras. Ese debate no puede limitarse a una discusión sobre cómo la falta de seguridad afecta a la capacidad de hombres y mujeres para actuar en la esfera pública, y cómo determinados actores intentan aterrorizar a las mujeres y destrozarlas tanto a nivel físico como psicológico.

¿Qué ha sucedido?

En el curso de los últimos meses, la Plaza Tahrir y las zonas que la rodean ha sido el lugar donde se han perpetrado terroríficas violaciones de una brutalidad sin precedentes. Esos delitos empezaron a ser cada vez más feroces durante las manifestaciones de noviembre de 2012. Varias violaciones en grupo, confirmadas y documentadas, se produjeron en la plaza y en las calles de los alrededores en el período entre el 21 y el 25 de noviembre, con muy débiles condenas y la indiferencia de la mayoría de los partidos oficiales y no oficiales. Como consecuencia de la situación general de negación y complicidad, el ámbito de los delitos se amplió durante las manifestaciones que marcaron el segundo aniversario de la revolución, que empezó el 25 de enero de 2013. Se documentaron varios casos de brutales violaciones en grupo, todos siguieron un patrón y estilo parecidos y las mujeres fueron objeto de ataque con independencia de sus afiliaciones políticas. La mayoría de las mujeres asaltadas eran manifestantes, voluntarias de equipos contra el acoso sexual o mujeres que pasaban por allí. Se han confirmado más de 19 casos de asalto sexual y violación. Una evaluación preliminar de esos horrendos delitos y de los métodos empleados en ellos indica un modelo recurrente de asalto, y sugiere que los individuos y grupos sin identificar que los perpetran consideran que las manifestaciones y acontecimientos políticos ofrecen una oportunidad para asaltar a las mujeres.

Los ataques se hicieron más frecuentes y se ampliaron a diversas zonas. Durante las noches del 27 y 28 de enero de 2013, se intentó secuestrar a varias mujeres en las salidas del Puente de Octubre, en el corazón mismo de El Cairo, a la vez que se atacaba una reunión de activistas contra el asalto sexual después del acoso sufrido por una de las participantes, lo que produjo enfrentamientos e intentos de irrumpir en los locales donde se celebraba la reunión.

Una perspectiva feminista sobre estos delitos y cómo enfrentarse a ellos

Como activistas feministas, abordamos nuestra causa como en realidad es: una cuestión pública que afecta a todas las mujeres egipcias tanto en el contexto de sus movimientos diarios y libertad corporal, como en las posibilidades de beneficiarse de sus habilidades y capacidades como ciudadanas libres en una sociedad patriarcal que limita sus roles y contribuciones.

Consideramos la violencia sexual como un delito violento que ataca a las mujeres por el hecho de ser mujeres, por lo que creemos que no puede separarse de la visión general que la sociedad tiene de las mujeres y de sus cuerpos como inferiores a los hombres. Para nosotras, la cuestión trasciende el incidente aislado (violación) y el lugar (Plaza Tahrir y las manifestaciones), entendiendo la violencia sexual como un crimen al que se enfrentan cada día las mujeres en todas las instancias de la vida, ya sea en la calle, el trabajo o en cualquier foro público.

Creemos que este clima social, que ha empezado a parecerse a una guerra psicológica diaria contra las mujeres, ha fomentado directamente estos crímenes y conducido a su brutal encarnación actual. El acoso sexual es una constante en la vida de cualquier mujer egipcia con independencia de su clase o estatus social. A su vez, no podemos contemplar estos repudiables actos de forma separada del clima general en el que las mujeres luchan a diario simplemente por el derecho a estar presentes en la calle, sin amenazas, hostigamiento o agresiones físicas o verbales.

Las mujeres han tomado parte en la revolución y se han mantenido públicamente activas durante las últimas décadas, pero el precio de esa participación han sido los continuos intentos de excluirlas del espacio público por parte de fuerzas sociales o movimientos políticos reaccionarios. El reciente aumento de la frecuencia y ferocidad de los crímenes confirma nuestro punto de vista y, si el silencio y la indeferencia continúan, amenaza con una la oleada de desenfrenada violencia sexual contra las mujeres en las calles de Egipto.

Aunque reconocemos la naturaleza política de los delitos que se producen en la zona de Tahrir, no podemos separarlos del acoso general a que se enfrentan las mujeres en Egipto en la esfera pública. Los incidentes más recientes son sencillamente una repugnante manifestación de lo que puede ocurrir cuando se ignoran las cuestiones relativas a las mujeres y no se incluyen en un debate público más amplio. En nuestra opinión, esos sucesos recientes representan una escalada brutal de la amplia patología social que es la violencia sexual. La complicidad de la sociedad en el acoso sexual y la violencia ha facilitado que esos crímenes alcancen un extremo tal que ahora es difícil tratarlos con sólo la intervención directa. El hecho de menospreciar el acoso y asalto sexual ha servido para que aparezcan bandas brutales dedicadas a violar aprovechando los acontecimientos políticos. Así pues, este hecho debe ser reconocido por todos y enfrentado con la máxima seriedad. Aunque somos conscientes de que la cuestión de los delitos sexuales y de acoso sexual es algo muy complejo y requiere de intervenciones y soluciones a largo plazo, también creemos que la consciencia y reconocimiento de la creciente frecuencia de esos delitos, dentro y fuera de la Plaza y en las manifestaciones y calles egipcias, deberían formar parte del discurso de cualquier fuerza o grupo que trate de enfrentar este fenómeno. No puede elaborarse ningún discurso legítimo que busque intervenir con eficacia sin situar el problema de la violencia sexual en un marco social integral.

Desde esta perspectiva, deseamos plantear las reacciones de todas las fuerzas políticas y revolucionarias que se han implicado en esta cuestión durante los últimos dos años. Los asaltos contra las mujeres han ido aumentando gradualmente en medio del silencio e indiferencia de diversos movimientos, fuerzas e individuos que convocan sentadas y manifestaciones. Hace tiempo que los incidentes de acoso sexual se convirtieron en algo más organizado y colectivo y se han venido observando desde el derrocamiento de Mubarak en febrero de 2011, habiendo alcanzado tal nivel que el acoso sexual se ha convertido ya en un lamentable, aunque esperado, elemento en cualquier acontecimiento o actividad políticos. Al haberse convertido en algo rutinario, esos incidentes no provocan más que un breve lamento o repetitiva condena, que no van seguidos de ningún reconocimiento por parte de los partidos civiles, fuerzas y grupos de que esos incidentes se han convertido oficialmente en un fenómeno, y menos aún de algún intento serio de abordar el problema.

Mientras aumentaba el acoso y la violencia sexual contra las mujeres desde febrero de 2011, los movimientos y grupos que se formaron tratando de abordar el fenómeno han intentado llamar la atención sobre el peligro de lo que estaba sucediendo y de su creciente frecuencia y brutalidad. Estos grupos han hecho esfuerzos para organizar intervenciones directas en rescate de las víctimas y ofrecer apoyo material, médico y psicológico a las víctimas de los abusos violentos. Sin embargo, esos serios esfuerzos han tropezado con el desprecio, con un interés fugaz o con veladas advertencias en contra de abordar el problema a nivel amplio, temiendo que algunos pudieran interpretarlo como un llamamiento a las mujeres para que se retirasen o se abstuvieran de acudir a las manifestaciones o acontecimientos políticos.

Teniendo en cuenta nuestro punto de vista feminista del fenómeno, nos gustaría subrayar el hecho de que no vamos a permitir que ningún partido utilice nuestros esfuerzos plantando este problema con el objetivo de marginar a las mujeres, cuestionando su papel o su derecho a estar presente en cualquier actividad pública. Al mismo tiempo, rechazamos cualquier retórica de protección que trate de excluir a las mujeres. Insistimos en que tanto mujeres como hombres deben asumir su responsabilidad por unas atrocidades que tendrán consecuencias para todos y para el futuro de la vida política en Egipto.

Creemos que hay dos discursos comunes que son sencillamente las dos caras de una misma moneda: un discurso de protección, que fomenta el temor entre las mujeres y de esa forma las hace responsables indirectamente de lo que pueda sucederles, y un discurso que ignora la verdad de lo que está pasando alabando la valentía de las mujeres que se enfrentan a la violencia sexual sin proponer ninguna solución colectiva que responsabilice a todos por lo que está sucediendo. Aunque se mantengan firmes, las mujeres egipcias no deben soportar solas esa carga y no se retirarán de la esfera política para apaciguar los deseos de algunos de ignorar todo el problema. Ni tampoco van a dejar de hablar de sus propias agonías y de la dureza y dolor de ser consideradas como cuerpos de los se puede disponer a voluntad en la esfera pública, o del sufrimiento que experimentan como consecuencia de esos delitos perpetrados en la esfera pública.

¿Quién es responsable?

Vamos a hablar ahora de responsabilidades: ¿quién es responsable y qué pensamos que debe hacerse? Dada la frecuencia y brutalidad de los incidentes más recientes, ninguna feminista o grupo político o de apoyo puede enfrentarse en solitario al problema. Un problema tan grave requiere un debate político colectivo serio sobre cómo debe afrontarse el fenómeno. Esta discusión debe dejar atrás la tendencia a culpar a ciertas partidos como un todo; hombres y mujeres, en partidos políticos y en movimientos revolucionarios deben asumir la responsabilidad tanto de entender lo que está sucediendo como de enfrentarla desde todos sus diferentes ángulos. Subrayamos que todos los grupos y partidos políticos tienen que participar de forma eficaz, plantear estas cuestiones y tomar las medidas necesarias para hacer frente a este fenómeno alarmante y a todo lo que subyace detrás.

Nuestro punto de vista de la responsabilidad política incluye una reacción que apoye los esfuerzos de los grupos de intervención que actualmente trabajan para enfrentar valientemente esos incidentes a pesar de sus escasos recursos e integrantes. Este apoyo, aunque importante, debe ir acompañado de firmes esfuerzos por parte de las fuerzas políticas que se interesan por las cuestiones de la libertad y la igualdad adoptando un discurso a favor de la mujer, mientras discuten modos de enfrentar los crímenes de violencia sexual. Consideramos aquí tal responsabilidad desde una perspectiva feminista que incluye dos partes indivisibles: responsabilidad anterior al incidente y responsabilidad posterior a él.

La responsabilidad anterior implica contribuir a impulsar un discurso avanzado de todos los partidos social y políticamente importantes sobre la participación política de las mujeres, y de lo que están teniendo que enfrentar como consecuencia de esa participación, lo cual va más allá de la dicotomía de proteger a las mujeres o culparlas de su situación. Esto solo puede hacerse desarrollando una retórica de responsabilidad colectiva que reconozca las dimensiones sociales y de género de la violencia social como arma de intimidación política. Hasta ahora, el discurso de todas las fuerzas políticas y revolucionarias sigue siendo incapaz de comprometerse con los temas feministas y sigue evitando abordar los problemas de la situación de la mujer en toda su complejidad, aunque uno de los principales roles que debería cumplir cualquier movimiento revolucionario o político debería ser el de abordar todos los aspectos relativos a la libertad y la igualdad. Parte de la responsabilidad anterior implica actuar para asegurar que en las manifestaciones, marchas y acontecimientos políticos se pueda enfrentar e impedir la violencia sexual. Este debe ser un tema permanente en la agenda de las fuerzas políticas y parte básica de los preparativos de cualquier manifestación o suceso político.

La responsabilidad posterior implica el reconocimiento de que esos repudiables delitos se han producido realmente, lo que significa ejercer presiones para que se investigue para identificar a los autores y llevarles ante la justicia, y asumir la responsabilidad política de la seguridad de las manifestaciones y eventos patrocinados por los órganos y movimientos revolucionarios. Además, la responsabilidad posterior significa abordar la cuestión de los medios oficiales de comunicación y la manera vergonzosa en que ocultan esos crímenes. Esos medios, o bien ignoran totalmente esos crímenes o adoptan una cobertura sensacionalista que no respeta la privacidad de las asaltadas. Los partidos y movimientos políticos deben compartir con nosotras la carga de enfrentar esas prácticas no profesionales de los medios, que a menudo implican nuevas violaciones. Esto es verdad no sólo en el caso de las mujeres que han sido atacadas sino también respecto a los grupos que tratan de ofrecerles ayuda en medio de difíciles condiciones, escasos recursos y la ausencia de cualquier tipo de apoyo por parte de los partidos y movimientos egipcios.

Finalmente, no podemos ignorar la responsabilidad del Estado y sus instituciones para hacer frente a la creciente violencia sexual y garantizar la seguridad y libertad de movimiento de sus ciudadanas. Aunque reconociendo que los aparatos del Estado han atacado a las activistas y a las defensoras de los derechos humanos tanto antes como después de la revolución, y que no se hecho nada para procesar a los responsables de esos crímenes, el Estado sigue teniendo la responsabilidad de investigar esos delitos, identificar a los autores y hacerles responsables de los mismos. La violación y el abuso de las mujeres es la consecuencia inevitable del deterioro de la situación de la seguridad y del aparato de la seguridad, y las mujeres están pagando un precio social por todo ello, muchísimo mayor que el resto de la sociedad.

Qué es lo que proponemos

Los acontecimientos de los meses pasados requieren que todos asumamos la responsabilidad de pensar y debatir sobre estos problemas antes de que las cosas se deterioren aún más. Lo que proponemos es una discusión honesta y abierta sobre toda la cuestión de la participación de la mujer en la vida pública desde una perspectiva de género, que debe ocupar un punto importante en la agenda de todas las fuerzas políticas. Hay que abordar el problema porque forma parte de la responsabilidad esencial de las fuerzas políticas, que no pueden limitarse simplemente a promover una retórica por la que las mujeres dependan de su fortaleza para enfrentar esos delitos, situando sólo sobre sus hombros la responsabilidad de superar las diversas formas de violencia sexual.

Las fuerzas políticas deben actuar para conseguir un entorno adecuado para la participación política de las mujeres. Nazra cree que el hecho de plantear la cuestión de la violencia sexual no debe sólo limitarse a reconocer su particularidad y brutalidad, sino que debe también formar parte de la cuestión más general de la participación política de las mujeres. No es ni política ni éticamente adecuado que todo el mundo valore la participación de la mujer –en el trabajo político o de partido o como candidatas en las listas del partido- y tenga en cuenta a las mujeres como electorado activo a la hora de votar sin abordar la cuestión de la violencia desde una perspectiva feminista.

Hacemos hincapié en la necesidad de debatir de forma seria y honesta estos hechos y qué se puede hacer para impedir estos horrendos delitos. Entendemos que esta discusión depende ante todo de que nos neguemos a esconder la cabeza bajo el ala y creamos en la necesidad de levantarnos frente a quienes piensan que el problema es trivial y frente a quienes intentan aterrorizar e intimidar a las mujeres para limitar su participación. Al mismo tiempo, esta discusión debe respetar la privacidad de las víctimas asaltadas, centrándose en cambio en la identidad de los autores, en sus objetivos y en la responsabilidad que todos tenemos que hacer frente a estos horrendos delitos.

Subrayamos la necesidad de enfrentar todos los intentos que traten de utilizar esta discusión para “proteger” a las mujeres de forma que pueda llevar a su exclusión o a violar su derecho a manifestarse y tomar parte en las diversas actividades políticas. Es importante abordar el debate reconociendo que las mujeres de Egipto están emprendiendo una batalla diaria en defensa de su ámbito de acción política. También luchan continuamente dentro y fuera de las manifestaciones para poder participar en todas las esferas de la vida, en medio de los innumerables abusos diarios de una sociedad patriarcal que todavía tiene un largo camino que recorrer para llegar a respetar los derechos de la mujer a estar presente y activa tanto en la esfera pública como privada. Subrayamos que todos debemos asumir la responsabilidad por una violencia que tendrá un impacto sobre todos nosotros, tanto hombres como mujeres.

Instamos a todas las fuerzas políticas y revolucionarias a comprender que los asuntos de la mujer no son una causa efímera o simplemente una moneda de cambio a utilizar contra opositores políticos de mentalidad religiosa u otros. Bien al contrario, ellas son parte principal de la revolución, del actual fermento político y de la lucha por la libertad en la que las mujeres han jugado un papel vital por el que han hecho muchos sacrificios. Esos atroces delitos de violencia sexual no pueden separarse del menguante estatus social de la mujer. Todos debemos asumir la responsabilidad para enfrentar esta situación mediante nuestras palabras y nuestras acciones. Debemos escuchar a las mujeres en vez de ignorarlas en función de determinadas consideraciones políticas o tácticas. Si no lo hacemos así, si dejamos atrás a las mujeres egipcias, nuestra lucha por la libertad perderá todo su significado.

¡Larga vida a las mujeres de Egipto!

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